HOME CONTACTOS
 
 
 
 
   

Noticias

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA.- (Parte II)

Perfeccionamiento del 2° Mandamiento.-

“Ustedes aprendieron también lo dicho a sus antepasados ; No jurarás en falso, sino cumplirás lo que has prometido al Señor Ahora Yo les digo: No juren nunca, ni por el cielo porque es el trono de Dios ni por la tierra, que es la tarima de sus piés, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey, ni por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. Digan si cuando es si y no cuando es no, porque lo que se añade lo dicta el demonio” (Mat. 5, 33-37).

El Hijo de Dios corrige los abusos que acerca de los juramentos habían introducido los judíos, pues según los fariseos, no había juramento cundo se pronunciaba el Nombre de Dios. Nos invita simplemente a no tiene que jurar jamás. Que la palabra del cristiano sea de tal transparencia y veracidad, que sea indiscutible y digna de fe total. Cuando una persona jura. Está demostrando que se duda de su veracidad y el que exige juramento atestigua que no tiene confianza en su prójimo, ¡Que distinta sería nuestra sociedad si pudiéramos confiar en la palabra de los demás!.

Perfeccionamiento del 1er. Mandamiento.-

Dios no puede premiarnos mientras busquemos nuestro propio interés y el aprecio o admiración de los demás. Empezará a escucharnos y a manifestar a nosotros, cuando hagamos las buenas obras tan solo por El, para su mayor Gloria. Con el ejemplo de la limosna; la oración y el ayuno, nos hace ver que será inútil abrir la boca, dar algo si lo hacemos con el fin de llamar la atención. (Mat. 6, 1-8).

Dios está en todas partes y conoce hasta las motivaciones más íntimas de nuestro corazón. No hace falta pues, hacer alardes para que El nos vea o escuche. Al contrario; mientras más vanidosos seamos, menos prestará atención a lo que recemos o hagamos.

El Padre Nuestro.-

En el Evangelio de San Mateo se presenta a continuación la enseñanza de la oración perfecta; el Padre Nuestro. San Lucas lo intercala en otro contexto y la iglesia ha considerado a esta oración imprescindible en la vida del cristiano. Tan importantes es, que se reza oficialmente en la Santa Misa todos los días. Es la oración que aprendemos de los labios de nuestra madre y abuelas. De las 7 peticiones que hacemos al rezarlo, las tres primeras se refieren a la gloria de Dios y las siguientes a nuestros propios intereses y necesidades.

El simple hecho de empezar diciendo “Padre Nuestro” es algo que debe asombrarnos y llenarnos de amor y gratitud. ¡Como llamar Padre Dios ante EL? La distancia entre el Creador y sus criaturas es simplemente infinita. Por eso en el Antiguo Testamento abundan los nombres que revelan la fuerza, el poder, la grandza y eleción de Dios sobre el hombre; Todopoderoso, Elohím, Yahve, Señor de los ejércitos, Santo de Israel, etc.

Pero en el colmo de amor por nosotros, pobres pecadores, Jesucristo suprime en su persona esa infinita distancia; por la Encarnación, la Persona Divina del Hijo, se hace también hijo de una mujer extraordinaria, la Santísima Virgen María. Y lo hace para hacernos participar de su propia Vida Divina, haciéndonos hijos de Dios como EL es Hijo del Padre Eterno. Es lo que llamamos Gracia Santificante.

Por medio del Bautismo y de los demás Sacramentos, somos Hermanos de Jesucristo y por tanto hijos de su Padre. ¡Podemos rezar el Padre Nuestro! Los Santos Padres de la Iglesia y los grandes místicos y santos, han comentado abundantísimamente la Oración del Señor (Oración Dominical, del Latín Dominus Señor).

Rezar de veras esta oración es suficiente para hacernos cambiar de vida. Pensar en cada una de sus palabras, meditándolas en el corazón, haciéndolas vida en nuestros, bastaría para cambiar el mundo entero porque nos descubriríamos todos hermanos, hijos de un mismo Padre. Lástima que la decimos en muchas ocasiones tan solo con los labios, a toda prisa y pensando en otras cosas.

Dios y las riquezas.-

En los versículos 19 al 21 del Capítulo 6 del Evangelio de San Mateo, Nuestro Señor nos dicta la posición que debemos tomar ante los bienes materiales:
“No se hagan tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los echan a perder y donde los ladrones rompen el muro y roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el gusano los echan a perder, ni hay ladrones para romper el muro y robar. Pues donde están tus riquezas ahí está también tu corazón”. No tan solo en el Sermón de la Montaña Jesús aborda este tema tan difícil. Recordemos: que en otra ocasión dijo: “Nadie puede servir a Dios y al dinero”. (Mateo 6,24).

En estos tiempos de un desenfrenado consumismo, de un afán de lucro a toda costa (tráfico de drogas, de indocumentados, contrabando de armas, secuestros, venta de niños, corrupción en todos los ambientes, etc); cuando tratan de convencernos de que la lotería o cualquier rifa nos pueda dar la felicidad, Sencillamente no puede conciliarse el culto a Dios con las voluptuosidades y pecados que las riquezas permiten hacer. Poderoso caballero es don dinero, dice el refrán popular.

El dinero compra lo que sea por dinero se da lo que sea, hasta el alma misma. Es necesario escoger entre el Amo del Universo y el amo de este mundo, que es el dinero. Ellos son dos señores rivales e incompatibles los cuales no se les puede servir al mismo tiempo.

Por las riquezas, el pobre, en su ambición, cae en pecados sin cuento; desde robos a mano armada hasta asesinatos, mientras que el rico cae en orgullo, sensualidad, impureza, traiciones, escándalos dureza de corazón, avaricia, etc. Nada como el amor a las riquezas contraria la acción del Evangelio en el Mundo, pues viene a se una auténtica idolatría; la adoración del Becerro de Oro.

Confianza de la Divina Providencia.-

Como corolario de esta visión acerca de los bienes materiales, Jesucristo nos enseña a partir del versículo 25 del mismo Capítulo 6, a confiar en el amor providente d Dios por nosotros.

Como ejemplos muy cotidianos nos hace ver que lo importante en la vida no es lo material; Dios que cuida a las aves del cielo, los lirios del campo, a la hierba común, no puede dejarnos sin alimentos y vestido. “¡No valen ustedes más que las aves?¡ No es más la vida que el alimento y el cuerpo más que la ropa?¡ Que Dios no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? ¡Porque tantas preocupaciones? El Padre d ustedes sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino de Dios y su justicia y lo de más vendráá por añadidura” (Mt. 6,25-33) Ya sabemos que el Reino y la justicia equivlen a la Gracia de Dios, a la Santidad.

La confianza en la Providencia amorosa de Dios por nosotros, no excluye por supuesto, nuestro honesto trabajo para proporcionarnos lo necesario para vivir. Dios cuida de las aves del cielo, pero no les abre el piquito para alimentarlas; los pajaritos no descansan buscando su comida. “A Dios rogando y con el mazo dando”

Perfeccionamiento del 8° Mandamiento.-

En el Capítulo séptimo de San Mateo , Jesús aborda el tema del falso celo, indiscreto y equivocado por juzgar la conducta del prójimo, “No juzguen y no serán juzgados (Mat. 7,1) Debemos por supuesto, juzgar en el sentido de discernir entre el bien y el mal de lo que sucede a nuestro alrededor, pero no debemos juzgar en el sentido que hacernos jueces para condenar a nuestro prójimo. Cada uno de nosotros llevamos dentro un tribunal siempre alerta al que citamos a todo mundo usurpando un derecho que nadie nos ha dado, en el que se acusa sin previa investigación, sin tomar en cuenta el derecho de la defensa y en el que se condena sin apelación. ¡Que de iniquidades juntas¡ y lo peor; el juzgar al prójimo no tomamos un elemento decisivo que es la intención solo conocida por Dios, el Justo Juez.

Para juzgar usamos dos medidas (v 2), una para para juzgarnos nosotros mismos y otra para los demás. Dios nos deja en libertad para que elijamos la medida en que queremos ser juzgados; la medida con la que medimos será aplicada a cada uno de nosotros.

La solidaridad humana, al amor al prójimo y la preocupación por la salvación de sus almas, nos obliga a usar de la corrección fraterna, pero habrá que hacerla con suma prudencia y caridad, con benevolencia y oportunidad. No debemos permnecer indiferentes por una falsa humildad ante las malas acciones que vemos se cometen a nuestro alrededor. Y al mismo tiempo, como pecadores que somos, debemos ser humildes para aceptar las correcciones y los consejos que nos den nuestros hermanos.

El versículo 6 del capítulo 7 merece una explicación especial:” No dan las cosas sagradas a los perros ni echen sus joyas a los cerdos Ellos podrían pisotearlas y después, se lanzarían encima de ustedes para destrozarlos”. Jesús piensa en ls dificultades que van a encontrar los cristianos viviendo en el mundo hostil al Evangelio. Propagar, indiscriminadamente los misterios cristianos, malbaratar los Sacramentos, hablar de los deberes del cristiano, a los que están preparados para entenderlos, sería en el mejor de los casos inútil, porque en la tormentosa historia de la iglesia, hemos visto como ha sido incomprendida y perseguida a muerte en todo el mundo por los enemigos de Cristo como sucedió en nuestra Patria después de la Revolución del siglo pasado.

Eficacia de la Oración.-

Los versíículos siguientes, siempre del capítulo 7 del Evangelio de San Mateo, nos invitan a orar asidua y confiadamente, “Pidan y se les dará, busque y hallarán, llamen a la puerta y ls abrirán. Porque el que pide recibe , el que busca halla y al que llama a una puerta le abrirán”.

Respecto de la oración del Cristiano, hay que referirnos también a otros lugares en los Evangelios: Lc. 11, 19, ; Mc. 11, 24, Jn. 14,13,; 15, 7, 16, 23, y St. 1,5. No vay´mos a pensar que Dios hará cualquier milagros que le pidamos. Cuando un enfermo trata de que va sanar, puede que con esto la mejoría se haga más fácil, pero ese ejercicio mental o sea esperanza no necesariamente la fe en Dios. Y si me sugestiono a mi mismo para persuadirme que Dios me dará el premio mayor de la Lotería. El no tiene la obligación de pensar que siendo más ricos, seré mejor, más santo.

Sabemos que Dios nos ama y escucha nuestras oraciones aunque sean imperfectas o equivocadas. Él quiere nuestro bien nuestra felicidad, nuestra salvación. Aquel que está apasionado por el Reino de Dios, pide al Señor que su mano todopoderosa quite los obstáculos que se oponen a la extensión del Reino, empezando por nuestra alma.

Nos pide Cristo que perseveremos en la oración hasta conseguir de Dios la certeza de que nuestra oración ha sido escuchad o por el contrario descubramos que lo que pedíamos no era bueno para nosotros ni la voluntad de Dios.

En el Padre Nuestro oramos una y otra vez que se haga la voluntad divina y no la nuestra, como Jesús mismo oró en el Huerto de los Olivos. ¡Sabemos tampoco de lo que nos conviene! Somos muy hábiles para auto convencernos de que lo que nosoros deseamos. Dios lo quiere también. Y en muchos casos no es así. Si no todo lo contrario. ¿Qué es mejor, la salud o la enfermedad, la riqueza o la pobreza, el éxito o el fracaso?

El cristiano se esmera en descubrir cuál es la voluntad de Dios y pide la fuerza para acatar sus designios. En una oración de la Mias decimos que la Providencia de Dios nunca se equivoca. Nosotros sí. Y aunque no veamos claro, debemos poner encima de todas las penas o problemas de nuestras vidas, la certeza absoluta de que Dios nos está escuchando y si permite ciertas cosas, es a la larga por nuestro bien.

Recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II: “El único mal absoluto es el pecado”. Viviendo en Gracia de Dios, todo lo demás, todo sin excepción, es secundario, por doloroso que sea.

La puerta angosta.-.

Los versículos 13 y 14, capítulo 7, son tremendos, Jesús nos advierte en contra de la molicie que es el afán de pasarla bien, evitando todo esfuerzo, todo sacrificio. Los humanos somos capaces de privaciones exigentísimos por conseguir una medalla olíímpica o un trofeo, pero el cristianismo aburguesado, tibio, blandengue, quiere salvar su alma sin el menor esfuerzo. Tal vez confiado en la bondad de Dios o habiendo perdido de vista su último fin, se deja envolver por las comodidades, el placer y la diversión, permitiendo en su conducta actitudes parecidas a las de aquel rico Epulón del Evangelio, que fue incapaz de ver siquiera y menos de compartir su bienestar con el mendigo Láázaro; no por malo, pero vivía demasiado placenteramente, gozando el momento actual.

Y este concepto tiene repercusiones muy actuales y candentes. Para poder vivir cómodamente, no más de dos hijos sí se puede estrenar auto, salir de vacaciones, tener casa propia, y beber vinos importados. Claro que para evitar un tercer hijo, habrá que recurrir a los anticonceptivos a las operaciones quirúrgicas masculinas o femeninas o en un &ouacute;ltimo caso al aborto. La molicie termina en asesinato.

La puerta es estrecha, ya lo dijo el Señor, son muchos los que entran por el camino ancho y fácil pero que conduce a la perdición, a la condenación eterna.

Los frutos buenos, los frutos malos.-

En Mt. 7, 15-20 Jesucristo nos dice otra de su parábolas geniales, ¿Quién no entiende que por los frutos calificamos a un árbol de bueno o de malo?. Evidentemente un árbol que da frutos buenos, es un árbol bueno. “Por sus frutos los conoceréis” (19) y eso se aplica a nosotros. ¿Qué clase de frutos estamos dando en esta vida?. Los casados, ¿Qué clase de hijos tienen? Los religiosos y sacerdotes, ¿Qué huella han dejado en la santificación de las almas? Los solteros, ¿Qué han hecho de su vida?.

Un dicho muy popular dice que “hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro” pero habría que añadir que debe ser un buen hijo, un buen árbol y un buen libro, porque de otra manera, habríamos hecho más mal que bien. El mismo criterio debe ser aplicado a la familia, a la comunidad, a la Parroquia, a una Orden Religiosa, y a la Iglesia misma. Podemos decir con legítima satisfacción que la Iglesia Católica ha dado maravillosos frutos de santidad en sus 2,000 años de existencia; la lista de los Santos es innumerable, miles y miles de cristianos han sabido seguir las enseñanzas del Sermón de la Montaña y han hecho un bien enorme a la humanidad entera.

Tenemos Santos y Santas de todas ls condiciones sociales, de todas las razas, de todas las naciones evangelizadas. Auténticos héroes de Cristo que deben ser para nosotros ejemplo a imitar. No olvidemos a nuestro Santo Patrono, cuyo nombre llevamos. Seguir sus pasos, en pos de Cristo será un camino seguro, aunque la senda sea estrecha.

CONCLUYE EL SERMÓN DE LA MONTAÑA.-

Los cimientos de una casa.-

“No es el que me dice: ¡Señor, Señor! El que entrará al Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo”. Somos muy propensos a considerarnos ya salvados por haber hecho ciertas cosas buenas, por haber sido amigos de un sacerdote, por haber sido monaguillos en la infancia, llevar un escapulario al cuello o la Guadalupana tatuada en el pecho. Podemos ser casados “por la iglesia” y asistir a misa “por lo general”, peregrinar a Chalma cada año, colaborar con los cohetones en la fiesta patronal, etc, pero al mismo tiempo no estar en Gracias de Dios. La Fé nos salva obra mediante el amor (Gal. 5,6) y nos hace cumplir la Ley del Evangelio, vivir según los criterios de Cristo (St. 2,8).

La voluntad del Padre Celestial no es otra sino que sigamos a su hijo Jesucristo hasta las últimas consecuencias, sin regateos, sin trampas, sin chantajes. Tal vez dicho seguimiento sea como normal para algunos cristianos, pero en otras ocasiones, puede llegar, a ser simplemente heroico, como en el caso de los mártires.

Vivir según el Sermón de la Montaña es todo un estilo de vida que exige el acoger honestamente la Palabra de Dios, la lucha permanente en contra de las malas comunidades en la Iglesia. Bienaventurado el cristiano que pone los cimientos de su vida eterna en las palabras de Cristo. Su vida será como canta el Salmo primero; “Como un árbol plantado junto al río que da fruto a su tiempo y tiene su follaje siempre verde”

¡Sed santos¡ Sí, santificad vuestras propias vidas y mantened siempre en vuestro interior la presencia de aquel que es El solo Santo, Sólo si aceptáis como propio estilo la vida inmutable carácter específico del Evangelio podréis atraer a los hombres.

SS. Juan Pablo II

Fuente: Internet. Bibliografía, RP. Pedro Herrasti S. M.
Folleto: E.V.C N° 463
Soc. E.V.C. Apdo. Postal 8707,06000, Mex. D.F.
Tendencias, la práctica de una caridad eficaz y la vivencia de la

GLM.

 


 


Han visitado esta web

 
 
 
Copyright 2010. Todos los derechos Reservados. Lima - Perú
Diseño y Hosting por :

Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player