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SEMANA SANTA EN LA LIMA ANTIGUA

En la ya insaciable búsqueda de Historias y Leyendas relacionadas al Señor de los Milagros que refundimos para ustedes, en un trabajo anterior allá por el mes de Junio del 2010 naturalmente a través de nuestra www.cofradíanazarena.com.

En esta oportunidad, encontramos una hermosa narración tal y como el título del trabajo lo señala, de un hermano que le agrada también - y a quien no... sobre el particular, en este caso gran parte de don Pablo Lara.

Muy poco después de su fundación hispánica, se inició en la Ciudad de los Reyes de Lima la celebración de las Fiestas Tradicionales de la Iglesia Católica que con el tiempo fueron cobrando cada vez mayor importancia, en tanto crecían también rápidamente, en número y asistencia, las procesiones organizadas por las distintas cofradías surgidas como resultado de la honda fe religiosa que, ya desde los primeros años, había tomado cuerpo en nuestra sociedad y en América en general.

A lo largo de las centurias estas expresiones de la religiosidad de los limeños han seguido realizándose acompañadas de gran cantidad de fieles y penitentes de modo que en Semana Santa, hasta mediados del siglo XX era costumbre muy arraigada ir al Centro de la Ciudad para "hacer las estaciones" y acompañar las diferentes procesiones. Las que siguen incambiables, los grupos de fieles que acompañan el desfile de las procesiones, que avanzan bajo una lluvia de flores que otros fieles arrojan desde sus balcones, en tanto que jóvenes y niños revolotean entre la multitud de devotos y se oyen los clásicos pregones del tradicional pan de dulce y otras delicias típicamente limeñas de dichas fechas.

La Semana Santa es una festividad religiosa en que la iglesia recuerda el Sacrificio del Hijo de Dios para la Redención de la Humanidad. Con la llegada de los españoles al Perú, esta costumbre al igual que muchas otras se trasladó al Perú y caló muy pronto en el espíritu del hombre andino, no solo asimilándola sino también dándole un sabor muy característico, ejemplo de ello son las diferentes manifestaciones de estas fiestas en todo el territorio.

En el caso de Lima, las celebraciones llevaban por todo lo alto y se preparaban desde el Miércoles de Ceniza que marcaba el fin de los tres días de Carnavales, y el inicio de un periodo de arrepentimiento y ayuno: la Cuaresma, ocasión para múltiples procesiones y manifestaciones de piedad cristiana. Como la procesión de la Penitencia de Cuaresma que salía de la Iglesia de Santo Domingo o la procesión de la Amargura, que incluso sirvió para denominar así a todo el actual jirón Camaná, en cuyos paredones de su última cuadra hacia la Recoleta estaban pintados los pasos de la Pasión.

También se solía llevar a los niños a la Plaza Mayor a ver la formación de Semana Santa que duraba todo el tiempo de los Oficios Divinos de la Catedral, en los cuales el Arzobispo oficiaba acompañado de los canónigos. Concurrían como hoy, el Presidente de la República, los Ministros, Vocales de la Corte, funcionarios públicos con ligeras variantes. Era de ver al Ejercito dispuesto en las cuatro alas, con sus cañones y ametralladoras relucientes uniforme de gala con pompones y luto al brazo, rindiendo honores al Altísimo. En el desfile final, los soldados marchaban con el estandarte cubierto de negro crespón y con los rifles a la funerala, apuntando al suelo.

En Palacio Arzobispal, a las doce del día jueves eran llevados doce ciegos mendicantes a quienes el Arzobispo les lavaba los pies en una palangana de plata, como lo hizo Jesús con sus discípulos. Acto seguido pasaban al comedor donde el mitrado almorzaba con ellos, igual también que Jesús con sus Apóstoles en la Cena Postrera, un gran plato de bacalao.

En Palacio de Gobierno también había almuerzo presidencial los jueves y viernes santos, después de los Santos Oficios en la Catedral. Cuando terminaba el almuerzo salía el Presidente a visitar las Estaciones a pié, acompañado de ministros, edecanes, y otros funcionarios. Una compañía del Regimiento Escolta, con banda de músicos, marchaba detrás de la comitiva.

JUEVES SANTO.-

Se celebraba la última misa de Pasión y había que confesarse y comulgar obligatoriamente. Después, desayuno, que consistía de chocolate con pan de dulce, y de allí hasta el almuerzo, que consistía por lo común, según cuentas los antiguos, en una buena sopa de yuyos con bonito (pescado) En ese día, también a partir de las doce, cambiaba por completo el aspecto de la ciudad; teatros y cantinas cerrados, tránsito paralizado, los trenes no tocaban pitos ni campanas, no se escuchaban ruidos de ninguna clase.

Acabado el almuerzo, se salía a visitar las Siete Estaciones: la gente luciendo sus mejores ropas negras en señal de duelo, lo hacía hasta altas horas de la noche. Las mujeres de mantilla y sin adornos. De regreso a su casa, el rosario y la explicación dolorida del paso de Jesús por la calle de la amargura camino al Calvario.

VIERNES SANTO.-

El día viernes, mayor solemnidad, Ayuno forzoso en todos los lugares, el pescado subía de precio y carne no se veía en los mercados sino para enfermos con licencia del cura. Se hizo clásico los almuerzos de parientes a degustar el bacalao y porque no, un vasito de vino tinto, solo para "asentar" el bacalao, solo para los mayores, y era una reunión netamente familiar.

SABADO DE GLORIA.-

Día en que se hace la Luz, día del oficio de la Luz, donde las Iglesias a oscuras y aún los Santos cubiertos con mantos se enciende el Cirio Pascual.

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al Sepulcro del Señor meditando su pasión y muerte su descenso a los infiernos, y esperando en la oración y el ayuno, su Resurrección.

DOMINGO DE RAMOS.-

El Domingo de Ramos, en la Lima de Antaño, se efectuaba una muy popular procesión.


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