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LOS PROPIETARIOS DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS.-

“Salir en hombros” es un privilegio que la multitud solo concede Héroes y a sus ídolos. Salir en hombros de un cortejo lloroso y doliente, que pugna por acercarse al ataúd supone que el extinto murió en olor de multitud. La carroza fúnebre se queda vacía y los seis morenos ataviados de lustroso frac, camudengos de sepelios de lujo sonreirán desposeídos cuando el grito unánime resuena a mandato. “En hombros”…Hay que llevarlo en hombros”. Esto para el recorrido inexorable del cual nunca se regresa en pié. Pero también sale en hombros un triunfador de la vida; el wing derecho que definió un partido crucial en el último minuto; el torero que cortó orejas, rabo y patas y para quien incluso, fueron echadas a volar las campanas de la catedral; El líder que ofreció el pecho para que sobre él cayeran el plomo bayonetazos de los tiranos. ¡Salir en hombros! :he aquí en ejemplos con nombres propios el sepelio de Víctor Raúl, de Lucha Reyes, de Bom Bom Coronado,. Salir en hombros como Chumpitaz del Estadio, Procuna de Acho, Alvarado en el final de una dramática carrera. Salir en hombros; consagración y premio, Reconocimiento, clamor, llanto, grito, apretujamiento, histeria colectiva, ¡Salir en hombros!.

Y he aquí en la irrefutable aritmética del más limeño acontecimiento de Octubre y de todo el año; la procesión del Señor de los Milagros, sólo unos dos mil quinientos o tres mil tienen el privilegio de llevar sobre sus hombros al más viejo y auténtico líder de la ciudad.

LAS CUADRILLAS

Dicho con exacto rigor y sin el menor ánimo polémico, La Hermandad de virtual propietaria del Señor de los Milagros Cargadores del Señor de los Milagros desde la lejana época de la arcadia virreinal, es la virtual propietaria del Señor de los Milagros

Las veinte cuadrillas que componen la Hermandad ha venido estableciéndose paralelamente al devenir histórico. Las tres primeras se fundaron en el tiempo preocupado y galante del emprendedor virrey don Manuel de Amat, si se quiere el más “limeño” de nuestros importados virreyes, Casi un siglo despuℜs cuando gobernaba don Ramón Castilla se creó la IV Cuadrilla. En 1920 en plena “bella época “del leguiísmo, la Hermandad ya tenía fundadas diez Cuadrillas. En el segundo gobierno de Manuel Prado ya existían XV y III Cuadrillas y cuando don Ricardo Pérez Godoy, general y devoto, derrocó a Prado durante su breve gestión, surgió la XX Cuadrillas. Allí se ha quedado la Hermandad. Ahora Lima tiene aproximadamente seis millones de habitantes. A la procesión tradicional, como la ha llamado el padre del socialismo peruano José Carlos Mariátegui, concurrían cuando él era joven, unas veinte mil almas. Pero en éste y y nuevo tiempo de la Lima cambiante y variopinta, ambulante e invadida, la que alterna el viejo turrón de Doña Pepa, con la novísima salchipapa, no menos un cuarto de millón de seres rodea la medalla oval y caminante del Señor de los Milagros.

LOS SECTORES

Cuando veamos que el Señor de los Milagros ha sido “levantado” para iniciar el recorrido de un llamado “sector” de una cuadrilla, debemos saber que no menos de 25 a 26 hombres llevarán sobre el hombro en un trecho aproximadamente de 200 metros al Patrón de la ciudad. Estarán pendientes del toque de la segunda campanada, El esfuerzo, el esperado momento y el Señor reiniciará su periplo triunfal por calles que ya son de su memoria. Morado el hábito, la atmósfera misma de la urbe que es un invierno gris y plomiza encenderá el cielo con nubes de sahumerio que toman colores de alhelí… Si, ellos tienen el privilegio de “llevarlo en hombros”. Porque son los Hermanos Cargadores y ellos todo el año, no solamente en octubre que la gente se hace devota y beata, cotizaron cuotas y se acordaron del Señor. En buena hora, porque la Hermandad forma parte de este singular fenómeno social que es la Procesión del Señor de los Milagros. Porque integra una organización celular y disciplinada. Porque ha reglamentado su mística y se supone que no solo llevan el hábito morado como signo exterior de filiación sentimental. Pero hablemos en nombre de los que añoran, aunque sea en el ensueño, en la hipótesis, en la conjetura, con la buena venturanza de “cargar” al Señor. Hablemos de los pobres los tristes, los enfermos, los desamparados, los solitarios, los que no siendo “hermanos” quisieran tener el remoto privilegio llevar en sus atribulados hombros las Andas Nazarenas. ¡Porque la Hermandad, que todos respetan y aprecian, no apertura en cada “sector” y durante los tres recorridos de cada cuadrilla, una cobertura mínima para quienes también quieren “cargar” al Señor¡ No es posible conciliar una iniciativa que clama con devoto silencio, toda la multitud que acompaña al Señor de los Milagros?. Es de estimar que desde 1651 en que las artísticas manos de Dios condujeron los pinceles del negro Angolés para que en una pared de Pachacamilla pintara a Cristo Crucificado, semblanza a temple que luego se hizo un Señor de los Milagros, su culto y devoción fue entregado a todo Lima Lo que siga siendo excluyente y hasta monopolizante tendrá que ser superado en el futuro. Toda la ciudad, por ahora, lleva tácitamente en hombros a su patrón y adalid.

LA PROCESIÓN

La Historia del Señor de los Milagros que tiene su máximo analista en el RP. Rubén Vargas Ugarte, SJ. Plantea tanto a la pintura inicial de inédito pintor plasmada en una pared de adobe, como el lienzo que mandara realizar en óleo allá por 1680 el devoto Catalán Sebastián de Antuñano y Rivas, como una imagen protectora y servicial. Se asocia su culto al remezón de terremotos y maremotos que siempre temerosamente conmueven Lima y alrededores en el cambiante octubre. Por eso sale a las calles en procesión por primera vez en octubre de 1678 a raíz de un terremoto que dejó a Lima virtualmente destruida. Y se le extrae del templo que ya cuidan las piadosas monjitas nazarenas cuando los piratas y corsarios amenazan invadir Lima.

Así por naturaleza y constitución del Señor de los Milagros asume la protección, el amparo y cuidado de esta ciudad. Es un lienzo misterioso que detiene el embate terráqueo y la amenaza fija. El Señor de los Milagros aquieta al sismo y al huracán marino. Sus ojos dulces serenan el territorio que se estremece, mientras la gente acude para requerir auxilio. Es este un Señor cósmico que aflige y perdona; que advierte en el temblor y calma en la súplica. Se diría con una dispensable interpretación humana que es este Señor nuestro y limeño; un soberano de las almas muy claro en sus disposiciones. Porque desde que el Virrey Conde de Lemos ordenó, aconsejado por curas codiciosos que el lienzo fuera borrado de Pachacamilla, él desde la Cruz pareciera que paralizó los miembros de las cuatro personas que intentaron desaparecerlo. “Es porfiado el Señor, el que hace milagros”, dijeron las viejas esclavas angolesas. Y así, entre temido dulcemente y amado sin reservas el Señor camina sobre las calles de su ciudad ayer empedrada polvorienta, hoy asfalto y cemento armado; cuatro siglos de creciente reinado, sin mengua, reuniendo multitudes que envidian políticos, empresarios y toda otra suerte de peticionarios diversos. No hay Procesión en el mundo entero que pueda ser capaz de mostrar dentro de su contexto ritual y su panorama humano tan diversa y pintoresca gama de personajes.

El primer gran personaje es la multitud. Crece en forma proporcional a la habilitación poblacional de Lima. El a%ño pasado se estimó, pese a las contingencias políticas reinantes, que la muchedumbre había sobrepasado el medio millón de habitantes, hasta 1940. (+ ó -) Son otros personajes típicos de la procesión: el hermano cargador, que siempre viste el hábito de morado y lleva su detente y cordón blanco, integran las Cuadrillas; las hermanas sahumadoras y hermanas cantoras. Las bandas de músicos pertenecientes a nuestros Institutos Armados acompañan el recorrido con marchas ya conocidas y popularizadas. Otros personajes son: el penitente que carga pesada cruz; el que sigue el recorrido de rodillas el que se pone corona de espinas.

Y a todo devoto o devota que asista al recorrido es forzoso añadir la concurrencia del vendedor o comerciante. Desde el que expende cirios y milagros, que fue el primer comerciante anexo a la centenaria devoción virreinal, hasta el que impúdico y descreído ofrece “posters” a todo color de gringas desnudas, versión 1979 del vendedor ambulante. Añádase a todo personaje viviente, caminante, con o sin hábito, el ámbito propio de la procesión. Su medio cielo saturado de incienso, variado sudor humo de choncholí y ácido y vapor de cebolla frita. A todos sin igual, sin distinción alguna el Señor de los Moreno, como diría el poeta, “abre sus brazos en cruz, crucificados bajo el cielo lila, de los días plateados” (JDB).

Cada cuadrilla de la Hermandad del Señor de los Milagros está constituida aproximadamente por 150 a 200 miembros. Pero en la práctica en el momento de cargar las andas que pesan más de dos toneladas y media, actúan entre 24 y 28 hermanos. Durante el recorrido de procesión, una cuadrilla estará encargada diariamente del “carguío” (así se llama) en tres sectores. Cada sector de cuadrilla cubre una jornada de 200 metros de superficie lineal, que se estima debe emplear entre 40 y 46 minutos. Cuando se asigna a un sector de cuadrilla el carguío de las andas tienen que distribuirse delante de la Imagen del Señor, dos hermanos en el esquinero del hombro derecho; dos hermanos en el templador del hombro derecho; dos en el templador del lado izquierdo esto es ocho hermanos. Al lado de la Virgen cargan en esa misma disposición otros ocho hermanos y en los costados laterales de las andas van cargando diez u ocho hermanos. Los integrantes de cada sector son escogidos desde días antes para uniformar sus estaturas y pesos, pues el momento de la “levantada” requiere de mucha fuerza y equilibrio. Una cuadrilla está dirigida por un Capataz, y un sub- Capataz. Tiene su propia directiva integrada además por el Tesorero, el Secretario, el Fiscal, y los vocales. Se les asigna dicho argos por elección y todas la veinte cuadrillas tienen un reglamento aprobado por el Directorio de la Hermandad que está integrado por trece personas.

En autoridad la primera persona de la Hermandad del Señor de los Milagros es el Mayordomo Genera. La Hermandad está en su mayoría constituida por miembros activos, pero también se integra con socios honorarios y benefactores.

Días antes que se realice el primer recorrido procesional, cada cuadrilla imparte instrucciones precisas a sus componentes respecto a sectores, recorridos turnos y disposiciones reglamentarias. Es forzoso que los cargadores vistan hábitos que se presenten “fajados” para reforzar la resistencia. Y se les advierte seriamente que deben estar muy atentos al toque primero y segundo de las campanas. Les está terminantemente prohibido beber licor antes de cargar las andas. Terminado el recorrido, como en la ley, nadie está prohibido de hacer lo que no es malo, festejar como hermanos la Salida del Señor. “Se humanizó” tanto el Señor de los Milagros que se le hacía “almorzar” en los Barrios Altos y “dormir” en la Victoria. A su paso calmo, musical y ondulante se estremecen los barrios y hay sabor a fiesta antigua en los balcones ahora cerrados y polvorientos. De acera a acera se tienden guirnaldas y cadenetas. Antaño salían relucir los mantones de manila que resguardaban los aristocráticos pianos “Pleyel” de las casas solariegas. Ahora la ciudad, atestada de microbuses, carretillas, y ambulantes se enreda más aún en un nudo sin salida, porque el Señor está llegando a la Avenida Grau. Así el recorrido de la procesión y su particular estampa de cada año, nos muestra el retrato de actualidad en Lima. Hasta 1940 más o menos, a lo largo de toda la entonces nueva avenida Tacna, las vivanderas tendían sus tiendas de tocuyo y palo mostrando junto al color morado que viste Lima, el bicolor musical de los quitasueños, Cholas de Surco, y zambas del Rímac fueron las mejores vivanderas. Las fuentes provocan: Arroz con pato, papa a la huancaína, cau cau verde y humeante, anticuchos, picarones, adornados los apuntes a sepia de Málaga Grenet, Puesto que ya un pintor y arequipeño: Vinatea Reynoso había plasmado en su más Pristina dimensión atmosférica el clima multitudinario de la procesión.

LA PROCESIÍN COMERCIAL

Pero se desalojó a la vivandera para que cien metros atrás del último devoto, tal vez un cansado penitente que cumplió con su último rosario, se precipite el torrente ruidoso y abigarrado de la procesión comercial. Y así, en Lima de los últimos años verificando como siempre el fenómeno urbano y social de la metrópoli, se nos echaron encima, migración tras migración, el triciclo y la carretilla, auténticos “auquénidos” del tránsito actual. El “Huayco” tenía también que invadir la procesión. El culto desde sus orígenes moreno y callejonero. Fueron manos prietas las que pintaron al Nazareno. Pero el milagro supremo del Señor en Lima fue juntar todos los estratos sociales en su torno. Para confirmar la regla: lo andino se ha constituido en la excepción.

V. Josefa de la Providencia. Relación del origen y Fundación del Monasterio…de Religiosas Nazarenas…Lima, 1793. Cap IV.

EL “OJO” DE LOS SERRUCHOS

Porque el hombre de la sierra, nuevo Poblador de Lima, comerciante a flote de las Barridas jóvenes, sigue a la procesión pero para ganar plata. No es necesariamente devoto. El andino trajo con sus escasos equipajes la efigie de su santo patronal. En él, parodiando una frase del General Odría, serrano y desconfiado, es más creíble la devoción aldeana que conoció de niño. San Isido Labrador, San Miguel Arcángel, la Virgencita de Lircay, el Señor de Muruhuay. Por eso no se condene el presunto espíritu antirreligioso del carretillero que sigu con manzanas o panes con apanado el rumbo del Señor. Anótese si en desmedro de la presentación de la ciudad, y es este un problema remitido ahora al señor Carrión Polit, el desastroso estado en que queda una plaza, calle o barrio por donde pasó el “huayco” mercenario de los que siguen al Señor para realizar negocios múltiples; desde emolientes y gaseosas, panes con jamón del norte, jugos de naranja, choclos cocidos, oda suerte de caramelos, ponches, chizitos, frutas secas y hasta chicha de jora fermentada.

RUEGO FINAL

Así llegamos después de tres días de recorrido al retorno del Señor a las Nazarenas. Han sido muchos los días de Novena. Ahora cada hábito cuesta de cuatro a cinco mil soles. ¡ El Señor sabrá comprender y sonreír con disimulo! Un cirio, una estampa, una medalla, un chaleco, una corbata morada, un fresco alhelí, un milagro de plata, un pedazo de turrón de Doña Pepa, nos dirá en su escueto lenguaje sobre una devoción que tiene 328 años caminando en las calles y el alma de la ciudad. (JDB)

FUENTE: Jorge Donayre Belaunde
(Pseudónimo) Pablo Zambrano,
GLM.

 


 


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