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TEMA: LA DIFUSION DEL CRISTIANISMO EN EL PERU.-

De Lima y del Cuzco la fe se iba difundiendo por las tierras de América del Sur.
El clero secular se dedicaba a la “cura” de los españoles, sobre todo en las ciudades. Fue así que la grande labor misionera estuvo a cargo de las Ordenes religiosas mendicantes, a las cuales se agregaron en 1569 los recién fundados jesuitas. La historia de estos misioneros está llena de páginas de heroísmo y de martirio, como de ejemplos de amor a los indígenas y al evangelio.. Los Dominicos llegaron con Pizarro y se establecieron primero en el Cuzco, donde su convento se levantó sobre el Coricancha, el templo máximo del Sol. De ahí fundaron los conventos de Lima y Arequipa, y su provincia de San Juan Bautista, que se extendía de Nicaragua hasta el Río de la Plata.

En 1551 fundaron en el convento de Santo Domingo de Lima la universidad mas antigua de América, la Universidad Mayor de San Marcos. Un domingo , Domingo de Santo Tomás, compuso la primera gramática Quechua (el idioma de los incas) y fueron encargados del Santo Oficio y de la Inquisición.

Los Franciscanos llegaron en 1532. Desde Cuzco y Lima se difundieron en toda América del sur y, pasados algunos años, ya eran la Orden mas numerosa del Virreinato en el siglo XVIII, con la fundación de Ocopa, un convento en medio de los Andes (donde hoy día, se puede admirar, a los tres mil metros una biblioteca de decenas de millares de textos antiguos) se emprende la evangelización de los valles de la Amazonía.

En los inicios de la conquista, los españoles proceden a fundar ciudades; muchas de ellas asentadas sobre antiguas ocupaciones urbanas incas. En 1534 al encontrarse Hernando Pizarro en el Santuario de Pachacamac envía una expedición para buscar un emplazamiento estratégico para fundar la ciudad que mas tarde se convertiría en la Capital del Virreinato.

La comitiva llega al valle de Lima, y encuentran una cultura establecida la cual tenía su centro administrativo edificado en torno a una plaza principal.

La cercanía al mar, la fertilidad del valle y la infraestructura de la ciudad son los principales motivos que llevaron a Pizarro a fundar la ciudad de los Reyes en este lugar , llamada protocolarmente “La muy noble muy insigne y muy leal ciudad de los Reyes del Perú”. La ceremonia de fundación se realizo en lo que hoy es la Plaza Mayor, el día 18 de Enero de 1535; inmediatamente se procedió a repartir los terrenos entre los conquistadores presentes y entre los antiguos vecinos de Jauja y San Gallán, siguiendo el plano trazado por Diego de Agüero, quien dividió el espacio en 117 manzanas, cada una de las cuales comprendía cuatro solares o terrenos.

Las nuevas ciudades hispanas se construían siguiendo un patrón llamado “cuadrícula española”, que consistía en una plaza central rodeada de los edificios más importantes como son: la iglesia principal, la casa del Gobernador, y otros edificios.

Es por este motivo que Francisco Pizarro ordena llevar a los nativos a otro lugar, y se demuelan las edificaciones incas y preincas para dar paso a la nueva ciudad. Pizarro se quedó con la mayor parte del terreno del Palacio del último curaca del valle, y el resto de terreno se utilizó para hacer una calle (hoy calle Palacio) que comunica con la Plaza Mayor, y se repartió a su vez entre los demás conquistadores.

Al comienzo de la vida republicana la antigua Casa de los Virreyes se convierte en la sede de la Casa de Gobierno de la República del Perú, funcionando también los Ministerios de Hacienda, Guerra, Marina, Gobierno, Prefectura, Intendencia de Policía, Justicia y Culto.

Durante la ocupación chilena el Palacio sirvió como cuartel general del ejercito invasor y fue saqueado, al extremo de quemar obras de arte o en otros casos se los llevaron a Chile. Y ya en el Gobierno de la reconstrucción nacional del Presidente Andrés Avelino Cáceres en 1886 se restaura ambientes dañados. En 1926, el Presidente Augusto B. Leguía encargó al Arquitecto francés Jean Claude Antoine Sahut Laurent el diseño del nuevo Palacio de Gobierno.

Los Mercedarios se encuentran en Perú ya en 1532, en el norte.

Fueron presentes desde la fundación de las ciudades del Cuzco , en Lima, en Ayacucho. Su apostolado entre los esclavos, que liberaban según la tradición de su fundador Pedro Nolasco y la difusión de la devoción a la Virgen de la Merced, les hicieron muy amados por el pueblo.

Los Agustinos entran en Lima en 1551 de donde se movieron a los valles Andino y al Sur; en la zona del lago Titicaca fundaron el Santuario de Copacabana, grande centro de evangelización. Su primer mártir fue en 1571 Diego Ruiz Ortiz. Difundieron la devoción al Señor de Burgos, viva en el presente en varias partes del Perú.

Los Jesuitas en 1569 se añadieron a las Órdenes mendicantes “clásicas”. Portadores de nuevos métodos, atentos a la tradición de la gente que encuentran, dan perspectiva nueva a la evangelización. Ellos no dependen del Rey, como todos los demás clérigos, sino directamente de su superior y del Papa. Sin embargo la corona siempre los protegió y les prestó ayuda.

Desde Lima y Arequipa fundan en Julio un centro misionero donde experimentan los métodos de las Reducciones que de allí trasladarán en el territorio de los Guaraníes. Antonio Ruiz de Montoya, nativo de Lima, fue el fundador de estas experiencias asombradoras. Fueron los que difundieron el arte, la música, la liturgia como instrumentos de evangelización.

DEVOCIÓN POPULAR.-

En sus estudios antropológicos del catolicismo popular peruano, el Doctor Manuel Marzal S.J. indica algunos factores que pueden ayudar a entender la profundidad de la “devoción” como forma católica de vivir en la fe en Cristo y en los Santos.

La “devoción” para el “católico popular” (con esta expresión Marzal define la persona, normalmente pero no exclusivamente de clase social humilde, que vive su catolicismo de forma sencilla, por la tradición en que se conoce totalmente) no es solo una piedad genérica, es una verdadera forma de fe – confianza por la que se establece una relación profunda entre el Señor de los Milagros y la persona, el devoto como el mismo se define.

El sabe que se puede contar con el Señor y que nunca se verá defraudado. La devoción, que puede nacer por tradición familiar, se convierte paulatinamente en una relación cada vez más personal, alimentada por los milagros del Señor y expresada por el devoto con términos de intenso y profundo cariño.

SIC. –
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