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TEMA : ¿ ADONDE VA TANTA GENTE ? .-
AUTOR :
CARLOS  G. AMEZAGA.-

    ¿ Donde va tanta gente ? ... Párense los tranvías
    llénense los balcones de acicaladas tías
    y pizpiretas mozas; corren por las aceras
    gentes enmascaradas – digo, mulatas fieras
    y zambos de agresivos rostros patibularios
    con túnicas violetas, sogas y escapularios...
    ¿ Donde va tanta gente ? Doblemos esta esquina
    en que un torrente humano bate y se arremolina...
    ¡ Oh ¡ Que gran espectáculo ¡ ¡Que singular conjunto ¡
    Para un pintor de genio, que soberbio asunto.
    La procesión avanza toda luz y colores,
    Al chin - chin de la música, derramando flores...
    Sobre un mar de cabezas, alborotado, inmenso,
    flotan mil nubecillas de embriagador incienso
    y las andas, como islas de pedrería y oro,
    más que espuma cristiana circunda un pueblo moro.
    Farolones de vidrio, braserillos de plata,
    Trajes morados, blancos, negros y de escarlata
    Mezclan sus tintes fuertes a la amarilla lumbre
    D los cirios que alarga férvida muchedumbre
    La Procesión avanza toda luz y colores
    Al chin – chin de música, desparramando flores,
    Y el sol de primavera con su esplendor difuso,
    Antes que un convidado representa a un intruso.

    De innumerables voces se oye el piadoso canto
    En que hay gritos y júbilo y hay temblores de llanto
    Viento de mil conductos que se resuelve en notas;
    Nube de angustia humana que se deshace en gotas;
    Onda magnificada, sonorosa tormenta
    En que el calor del alma toda pasión revienta...
    ¡ Oh fe del ignorante ¡ ¡ Oh confianza bendita
    en Dios justiciero que oye al hombre en su cuita ¡
    yo de ti no me burlo; tu eres consuelo y calma
    Blando colchón de plumas en que se acuesta el alma...
    Estos blancos y negros cantan con furia loca,
    Si que falte quien diga estirando la boca :
    “No mires a otro lado Señor desentendido:
    piensa que ya estoy ronco; dame lo que te pidio”
    Bajo Palio, cubierto de dorada casulla,
    Un sacerdote, en brazos como a un infante arrulla
    Algo que lanza en torno diamantinos reflejos...
    ¡es ka custodia ¡ el signo que custodian, no lejos,
    varios soldados cholos, de cabeza pelada
   que levantan las piernas, sudan y no ven nada.
    Pasan entre el gentío penitentes veloces
    Agitando alcancías, mientras con fuertes voces dice : “Para la cera de    
    nuestro amo bendito, Señor de los Milagros” – y si al piadoso grito
    Las ofrendas no acuden, hóyese al otro airado;
    ¿Dónde están los devotos ? ¿ Los del año pasado ?

    De una iglesia hasta el pórtico se detiene el concurso,
    Suenan dos recios golpes: cesa el pesado curso
    Del anda, y descendiendo un tantico, en el suelo
    Se afirma el armatoste... Para ganar el cielo
    Marchan allí debajo los pobres cargadores
    Sin luz, sin aire, ocultos por amplios cobertores,
    Y el descanso aprovechan para sacar, hinchadas,
    Sus cabezas de monstruos...Allí, arriba, entre arcadas de flores, hay un   
    lienzo cuyo marco argentino
    Cubre un millar de exvotos de plata y oro fino.
    Jesús Crucificado es la imagen del lienzo,
    Y escrúpulos de artista para mirarlo, venzo;
    mas, recordando el brillo de su actuación pasada
    en esta vieja Lima, tres veces coronada
    y arruinada tres veces, pienso con simpatía
    en la mala pintura... Yo me remonto al día
    en que los fieles todos y por la vez primera
    en procesión sacaron esta imagen severa...
    Pienso con un nervioso retrospectivo espanto,
    En las horas aquellas de confusión y llanto,
    Cuando tembló la tierra con explosión de minas
    Y fue Lima, en instantes sólo un montón de ruinas.

    Otra vez su camino la procesión emprende.
    La devoción de muchos casi no se comprende,
    Pues hombres y mujeres hay que por todas partes
    Van poniendo allí en juego sus diabólicos artes.
    Creo en la fe sincera de esta negra panzona
    Tamalera que canta casi como pregona,
    Y  que al gritar con brío, “Deja que yo te alabe”
    Creen los demás que dice : “! La tamalera suave”¡
    Creo en el rezo ardiente del buzonero Egidio,
    Padre de diez muchachos,- el mayor en presidio, y con mujer que lava,    
    compra, guisa y remienda.
    En casa de un empleado de la sección de Hacienda.
    Creo en el Penitente, viejo astroso y giboso,
    Pero en ti guapa moza, de ojos chisporroteantes
     Más que el brasero asido con pañuelito y guantes
    Yo no creo, ¡ por vida ¡ que es tu virtud camelo,
    Y buscas un milagro muy a espaldas del cielo...
    Ahora, tu Fermín que andas, siempre en la procesión
    Siempre en las cofradías, siempre tras los sermones,
    Como quieres que juzgue tu devoción que es vicio
    Si a tus pobres hermanas tienes en el hospicio,
    Su guardador de párvulos nunca les das socorros,
    Y un fortunón ocultas en la Caja de Ahorros.

    La procesión resulta un desfile animado
    De cuanto Lima encierra. piélago desbordado,
    Van lamiendo sus olas nuevas calles desiertas
    Donde hormiguea al pronto, por ventanas y puertas
    Otra criolla turba que de humildes funciones
    Se ocupaba en inmundos patios y callejones
    Vecindario curioso y multitud andante
    Confúndanse en estrecho marco allí, sofocante
    De paredes blanquizcas y balcones ventrudos,
    Llenos de telarañas y que, en contratos rudos,
    Hacen como cortinas dignas de fiestas reales,
    Colchas de no muy limpios lechos matrimoniales...
    ¿ Donde estás gran Sorolla, el del pincel prodigio ?
    Ven a aumentar, si cabe, tu universal prestigio
    Trasladando este cuadro a la valiosa tela...
    En no igualada forma aquí la luz revela
    todas las fealdades, todas las hermosuras
    de las razas mezcladas, y de las razas pura.
    Tu morisca Valencia nada vale en colores
    Junto al limeño pueblo. Hay aquí los mejores
    Tipos de blanco y negro, del indio rojo y bayo,
    Del Japón, del papúa, del chino y del malayo
    Ojos de veinte clases, muchos pelos distintos,
    y en injerto y prosapia, todos los laberintos...    

    Va a acabar la gran fiesta... Corre el sol humillado
    Por faroles y velas que se han multiplicado
    dando extraño relieve a todo lo que el día
    hizo brillar con tonos de luz y alegría
    Penitentes, profanos, santos, y pecadores
    Estandartes y cruces, azafates de flores,
    Andas monumentales, todo a medias se apaga
    Y a medias se ilumina con amarilla y vaga
    Luz que se atreve apenas a remontar el vuelo
    Hasciendo mas notable la oscuridad del cielo.
    Niños, mujeres y hombres, otra fisonomía
    Luce muy diferente de la que en pleno día,
    Y su prestigio aumentan, venciendo sombras duras,
    Todas la fealdades, todas las hermosuras.
    Niñas hay que entre blancos vapores de sahumerio,
    Son vírgenes de Sanzio; castidad y misterio;
    Adoratrices puras, almas extraordinarias
    Que suspiran y lloran al entonar plegarias;
    Otras, de ojos dormidos y despiertas acciones,
    Calipédicas Venus, carne de tentaciones...
    Entre una y otras, viejas rezadoras, cargantes,
    Mulatas de flequillo, mozas beligerantes;
    Hembras que de su sexo dan falsos testimonios y al
    Soplar sus braseros copian a los demonios...
    Ninguno de estos tipos me han seducido... Plaza
    al popular e insigne Fanor de la Babaza...
    Representante hoy, solo, de una especie perdida,
    Zangoloteando el cuerpo, con la boca torcida,
    Casi doblado al peso de rosarios enormes,
    Brota por fuerza el cántico de sus labios deformes
    Como queja o berrido de insólita tristeza
    Contra los disparates dela naturaleza...
    Fanor de la Babaza... lleva guantes morados
    Pone en blanco los ojos, y allá entre sus nublados,
    Quien sabe si no eleva esta oración sin nombre :
    “Haz, Señor, el milagro de que yo sea un hombre”.
 
    Va a acabar la gran fiesta... Sopla el viento los cirios
    Y arrecian en el canto fanáticos delirios.
     Hasta el año que viene no tendrá el populacho
    Función mas de su gusto. El corazón borracho
    Quédale con el néctar piadoso y levantisco
    Que ha escanciado entre copas muy profanas de pisco.
    En muchas pobres casas hoy no se enciende lumbre;
    ¡ faltan las cocineras ¡... siempre fue la costumbre
    y, lo que dicen ellas muy en justicia, orondas;
    “rabie la señorita ¿no hay hoteles, no hay fondas ?
    la multitud se agolpa ya en desorden completo
    sobre la angosta plaza; mas, faltando el respeto
    de ese lugar, un mozo con ridículo alarde,
    se escatea el sombrero... ¡ Oh religiosa tarde ¡
    sin refriega o barullo terminar no podías.
    Se enciende la cristiana soberbia de otros días
    Y caen sobre aquel mozo dos negros penitentes
    Que a puñetazo limpio le hacen bailar los dientes.
    Da patadas el otro y... ¡milagro no visto ¡
    El masón, el hereje, queda pronto hecho un Cristo ¡...
    SIC. Latina SA.

GLM.

 

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EL SERMÓN DE LAS TRES HORAS.-

El Sermón de las tres horas, o Sermón de las siete palabras de Cristo, una tradición que los católicos celebran hoy Viernes Santo, nació en Lima, donde fue pronunciado por primera vez por un sacerdote jesuita peruano.

Según un trabajo de la investigadora Gabriela Lavarello de Velaochaga, el origen del sermón se debe al sacerdote jesuita limeño Francisco de Castillo, quien lo pronunció el Viernes Santo de 1660.

De Castillo, que enseñaba Catequesis en la Parroquia de San Lázaro, inició sus prédicas en 1648 en el tradicional mercado del Baratillo, en el actual distrito del Rímac, lugar donde los negros e indígenas comerciaban.

Conocido como el "apóstol de los indios y negros", De Castillo tenía a su cargo la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, a espaldas de la casa de Gobierno, donde predicó por primera vez durante tres horas el Viernes Santo de 1660, comparando el sufrimiento de Cristo con el de los esclavos.

Este sermón dio origen a la tradición religiosa del Sermón de las tres horas o Sermón de las siete palabras, que con el transcurrir de los años se extendió por el país y luego pasó a otras naciones de América y Europa.

Aunque el templo de los Desamparados fue demolido en 1938 para dar cabida a la ampliación del Palacio de Gobierno, la llamada "Cruz del Baratillo", que el padre del Castillo utilizaba en su prédica, se conserva junto a su tumba a la entrada de la iglesia de San Pedro de Lima.

El prolongado sermón es una prueba de fortaleza para quienes lo pronuncian y la historia peruana recuerda el caso del sacerdote Carlos Martínez, quien durante el Viernes Santo de 1928 murió en la iglesia de San Pedro tras pronunciar las palabras: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

Martínez falleció agotado por el esfuerzo de haber pasado horas hablando casi a gritos para ser escuchado por la multitud de personas que había acudido al templo.

Tradicional en todo el mundo católico, el Sermón de las tres horas se desarrolla entre el mediodía y las tres de la tarde, con la intención de reflexionar sobre las siete palabras que pronunció Cristo durante su crucifixión.


Fuente: www.soitu.es

GLM

 

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FECHA DE FUNDACION CUADRILLAS Y GRUPOS H. S. N . N

1ª.- CUADRILLA......................................   03 DE MAYO DE 1766

2ª.  CUADRILLA......................................  03 DE MAYO DE 1766

3ª. CUADRILLA ......................................  03 DE MAYO DE 1766

4ª. CUADRILLA ......................................  03 DE MAYO DE 1766

5ta. CUADRILLA.....................................  15 DE AGOSTO DE 1858

6ta, CUADRILLA ...................................   11 DE OCTUBRE DE 1863

7ma CUADRILLA..................................   07 DE OCTUBRE DE 1873

8va CUADRILLA...................................    18 DE OCTUBRE DE 1887

9ª-  CUADRILLA...................................    15 DE OCTUBRE DE 1904

10ª. CUADRILLA.................................     10 DE OCTUBRE DE 1920

11.- CUADRILLA..................................    18 DE OCTUBRE DE 1935

12.- CUADRILLA..................................    18 DE OCTUBRE DE 1935

13.- CUADRILLA..................................    18 DE OCTUBRE DE 1940

14.- CUADRILLA..................................    14 DE OCTUBRE DE 1947

15.- CUADRILLA .................................    10 DE MAYO DE 1954

16.- CUADRILLA..................................    05 DE AGOSTO DE 1959

17.-  CUADRILLA .................................   14 DE MAYO DE 1960

18.-  CUADRILLA..................................   29 DE MAYO DE 1960

19.-  CUADRILLA..................................   30 DE AGOSTO DE 1962

20.-  CUADRILLA..................................   30 DE AGOSTO  DE 1962

GRUPO DE CANTORAS.-..................    18 DE OCTUBRE DE 1967

GRUPO DE SAHUMADORAS...........    18 DE OCTUBRE DE 1962

HERMANOS HONORARIOS.............    26 de Septiembre de 1954    

“ NO ES PEREZOSO SÓLO EL QUE NO HACE NADA,
   SINO TAMBIÉN EL QUE PUDIENDO HACER ALGO
   MEJOR, NO LO HACE. “
                                         .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

 

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TEMA : EL SEÑOR DE LOS PERUANOS.-
DE :
Lorenzo Villanueva Regalado

Octubre es un mes que está pintado en el alma de los peruanos. La fe o la riqueza, la esperanza o la pobreza son, cual marcas de fábrica, muestras indelebles del diario vivir de nuestro pueblo.

Octubre es un mes con aroma propio. Octubre huele a multitud, a incienso y mirra, a turrón de Doña Pepa, a sangre y arena, a fiesta taurina, a ceras y flores, o alegrías y tristezas.

Octubre es el mes del milagro. Allí los ateos saben que Dios existe y los creyentes recuerdan que hay que ir a misa.

En octubre los ricos recuerdan que hay niños que padecen hambre y los hambrientos, que no solo de creer se vive.

Octubre es pues el retrato de la dela realidad peruana. Pobres y ricos, blancos y negros, cholos y mestizos se unen para demostrar que creen en alguien.

Octubre, finalmente, es el mes de la ilusión. El pueblo siente tanta devoción por el Cristo Morado como por el “guachito) de la lotería que puede cambiar el rumbo de su vida.

Como dirían los jóvenes octubre es lo máximo.

Y quien origina tantos encantos y desencantos en el décimo mes del año ?
La respuesta todos la sabemos, el Señor de los Milagros.

Esa imagen que sale en procesión por las calles de Lima para convertirse en el ungüento que todo lo puede y todo lo resuelve.

Es tal su influencia en el pueblo, que hasta ahora nadie explica como es posible que en un país que se divide por mil sin razones y a cada momento, el Señor de los Milagros lo siga convocando masivamente a lo largo de 300 años.

Esta es la mas irrefutable demostración de su plebeyo poder divino.

Ni la furia de la naturaleza, ni el cambio de creencias y costumbres, ni el avance de la ciencia y la tecnología han logrado restarle adeptos. Por el contrario cada día es mayor la fe y la esperanza en EL.

EL SEÑOR Y YO.-
Yo conocí al Señor de los Milagros en octubre de 1956. En ese entonces, la procesión llegaba hasta la iglesia de los Desamparados en Breña. Dormía una noche allí después de su recorrido por la avenida Arica. El día que lo conocí imponente, masivo, acompañado de devotas con mantillas y “hermanos” que pagaban un cupo por el uso del hábito morado, llegó desplazado por la avenida Venezuela desde la cuadra trece hasta Alfonso Ugarte.

Para quienes éramos niños, al paso del Señor más constituía una sesión de recreo y palomilladas, que una demostración de fe y devoción. Todos los inquilinos del edificio San Juan de la cuadra 10 de la avenida Venezuela trepábamos como podíamos a su amplísima azotea. Desde allí las viejas oraban y los niños fregaban.

¿ Como olvidar pues el paso de lo que después, entrado en años, sabríamos que es la mas grande demostración de catolicismo, esperanza y adoración del pueblo peruano?

La vida nos enseñaría luego que la procesión hay que respetarla. Que hay que respetar a la que va por dentro y a la que va por fuera. Que la fe mueve montañas y que hay sésamos que abren las puertas a los ruegos y oraciones.

Por ello no es exageración decir que nuestra vida, como seguro de muchos devotos, cambio en el paso del Cristo de Pachacamilla.

Ver a un niño en la avenida Tacna, trepado en un árbol llorando inconsolablemente, cubierto con restos de ropas que alguna vez fueron nuevas, era una realidad que no se podía tomar a broma ni podía constituir una prolongación de recreo escolar. Era y es el rostro de nuestro país. Era y es el retrato de nuestra patria.

Ese es el pueblo que lo lleva en hombros; que le pone flores, que le queman incienso, que se somete a las mas duras penitencias a través de los 300 años que este joven Señor tiene la vigencia.

¿Cómo no adorar al Señor de los Milagros ? ¿ Como no sumarse a la pleitesía que cada año despierta ?.

Esta imagen despierta todo. Esta imagen es la única que no origina debates ni discusiones. Que está al margen de irreverencias y desatenciones. No se sabe desde la época Virreynal hasta nuestros días, de mandatario alguno que no se haya hincado ante sus andas. De humano, que viviendo momento difíciles, no le haya orado.

Por ello debe ser que es considerada la mas grande manifestación católica de la que se tenga conocimiento.

En muchos pasajes de nuestra vida republicana, connotados políticos han querido descifrar el raro magnetismo que posee el Señor de los Milagros, que le permite convocar a miles de personas sin hacer uso de los medios  masivos de publicidad a los que ellos recurren. Adicionalmente, es un misterio sobrenatural explicar como es posible que la organización humana que lo rodea, jamás ha atravesado por situaciones que pongan en duda su monolítica unidad.

¿ Por que agrupaciones políticas, sociales, culturales y hasta militares, han caído ante el embate de la desunión y la discordia, mientras que la Hermandad del Señor de los Milagros mas bien se refuerza con el transcurrir de los años.

Realmente es algo inexplicable. Es la dura prueba que pone en actualidad aquello que ahora se ha dado en llamar “carisma” e el mundo de las ciencias político-sociales.
El Señor de los Milagros es pues el líder ideal. Es el ser que encarna la buena voluntad de sus seguidores. Alrededor de EL no hay disidentes ni “alas” que las divisiones originan.  
Este hecho es quizás el milagro mayor del Cristo de las Nazarenas.

Nosotros quisiéramos que su manto de amor y bondad alcanzase a los hombres sobre quienes recae la responsabilidad de conducir los destinos de nuestro país. Si así fuera, tanta miseria material y humana que nuestro pueblo padece, sería menor, para felicidad de todos.

Si aquello se lograra aunque sea en una mínima porción, quienes tienen fe en un futuro mejor, verían que la felicidad se puede alcanzar.

UNA FIESTA .-
El paso de las andas del Cristo Morado es la fiesta mas concurrida que se realiza en el Perú. A ella asiste con unción realmente ejemplar, todo el pueblo de Lima. No es una exageración afirmar que la procesión es un aislado acto en el que por única vez al año, los habitantes de mi patria dan y reciben solidaridad, bondad, respeto, fe y comprensión.

No es común, por ejemplo, ver como vecinos, de un barrio suman esfuerzos y con mucha alegría preparan la recepción a la santa imagen.

Adultos, niños, hombres y mujeres compran flores, tienden alfombras de pétalos, engalanan las calles y asisten reverentemente a la ceremonia de Octubre.

¿ Cuando mas vuelve a ocurrir ello en el año  ? Nunca o casi nunca. Para darse el abrazo de paz o parar junto al vecino, se tendrá que esperar 365. días. (SIC).

Cuando éramos niños, una vez acompañamos a nuestra abuela Rebeca a la procesión. En el mutuo deseo de ver de cerca la imagen, fuimos muy temprano al Hospital Loayza con el firme propósito de buscar en las inmediaciones un lugar adecuado y esperar al Señor.

En la penúltima cuadra del Jirón Cañete, encontramos una puerta amplia, con gradas de mármol. Allí nos colocamos. La procesión , luego de recibir el homenaje del hospital Loayza, tomaba el jirón Cañete al costado del (*) Hospital de Enfermedades Neoplásicas. Por lo tanto, nuestra elección nos aseguraba que veríamos al Cristo Morado muy cerca.

Todo iba muy lindo. La trillada frase de “mar humano” que se emplea para dar cuenta de los miles de fieles que acuden a la cita apareció en todo su significado. Si es verdad; un mar humano acompaña al Cristo de Nazarenas.

Nuestra comodidad se iba perdiendo conforme se iban acercaban  las    andas. aquello de ver de cerca de la imagen se estaba convirtiendo en solo una ilusión. La multitud rebasó y las gradas donde solo podrían caber cuatro o cinco personas., había sido ocupada por lo menos por una decena de devotos.

Los apretujones y los síntomas de asfixia nos empujó a la errónea decisión de salir de allí. Si dimos tres o cuatro pasos, es mucho. No podíamos caminar para atrás ni para adelante. Las gradas de la puerta eran un paraíso en comparación a lo que estábamos viviendo.  

La situación es dramática. La abuela ya no resistía los embates de la multitud. ¿ Que hacer, a quien pedirle auxilio si todos estábamos en la misma situación ?.

Hasta que se operó la salvación; los dueños de la casa en cuya puerta habíamos esperado, abrieron una amplia ventana y con el apoyo de devotos, logramos entrar a su sala. Un saco de papas seguro que hubiera tenido mejor trato.

(*) Hoy materno Infantil.

Abuela, nieto y propietarios de la ventana fuimos ganados por el drama. Cuando reaccionamos, la imagen del Señor de los Milagros ya había pasado. Una nube de humo que dejaron las sahumadoras y los sones de la banda de músicos que se alejaba, fue lo único que alcanzamos a oler y escuchar.

El Señor de los Milagros se fue porque se lo llevó el “mar humano” de octubre.

En otra ocasión, ya casado y con la ilusión que nos significó en nacimiento de Cristian, nuestro hijo mayor, la vida nos puso a prueba: Cristian debía ser operado de las amígdalas y para ello le sacaron un electrocardiograma como parte de las medidas de seguridad.

El electrocardiograma nos cambia la cara: el niño padecía de un soplo al corazón y aunque de acuerdo a lo que nos decían los médicos no era grave, de todas maneras, requería de una atención especial.

Nuestro drama coincidió con la Procesión del Señor de los Milagros. En medio de nuestra preocupación y pobreza, acordamos con mi esposa Alicia ir a orarle al Señor.

Al término de nuestra jornada laboral después de las 12 de la noche, fuimos a esperarlo en la avenida Tacna, muy cerca de su iglesia.

Amígdalas, soplo al corazón, pobreza y obligaciones económicas, hizo de nuestras vidas un suplicio. Nos sentíamos en la miseria.

Pero el Señor de los Milagros nos demostró que no era tanto: al llegar a la avenida Tacna, trepado en un árbol encontramos a un niño de unos ocho años de edad. En un amanecer lluvioso, el niño estaba cubierto apenas por ropas rotas y que a simple vista decía que habían sido de alguien con muchas tallas más de él.

Miramos al niño. Lloraba con los dedos entrecruzados. Con la manga larguísima de su camisa se limpiaba las lágrimas y los mocos. Lloraba mirando a la Iglesia. El Señor de los Milagros aún estaba muy lejos.

Nosotros también nos pusimos a llora. El niño cada vez que podía decía con voz entrecortada ¡mamá!... ¡mamá...!

Era un niño de apenas ocho años que ya sabía de los sufrimientos de la vida; con toda seguridad que con muchísimos mas problemas que los que significaba una operación a las amígdalas o un soplo al corazón.

El, pedía un soplo de vida. Un soplo de fe, Un soplo de pan.

Nosotros pedíamos que nuestro hijo se cure; que salga bien de la operación y que encontráramos los medios económicos para afrontarlos.

Después de ver a ese niño al que todo le faltaba, nos dimos cuenta que estábamos exagerando. Que era mas imperioso para el Señor de los Milagros, ayudar a un niño que sentía que el hambre era mas que su esfuerzo por vivir, que ayudar a una pareja de padres de familia que lo que mas los afligía era el temor al futuro.

Con Alicia nos miramos. Nos abrazamos y buscamos que entablar diálogo con el niño.

El no nos hizo caso. Siguió llorando. De rato en rato reclamaba a su madre.

Esperamos la procesión. Y frente al Señor de los Milagros, oramos por aquellos que tienen hambre en el estómago y en el alma.

Cristian fue operado de las amígdalas con éxito. El soplo al corazón desapareció. Como desapareció ese niño que lloraba trepado en un árbol en la avenida Tacna.

LVR/SIC.

 

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