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EL SEÑOR ES BUENO Y MISERICORDIOSO

AUTOR: PBRO: PEDRO HIDALGO DIAZ

la palabra de Dios es especialmente consoladora, pues presenta la inmensidad del amor y la misericordia del Padre Dios. La primera lectura narra la reacción del Señor ante el pecado del pueblo, que se ha construido en el desierto un becerro de oro y lo ha adorado como su dios. Poco después de la salida de Egipto, Israel sustituyó a Dios por un ídolo inerte. El Señor rechaza aquel acto de rebeldía y quiere recomenzar la historia con Moisés, por eso dijo: “Déjame; mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo”. Moisés apeló, entonces, al verdadero fundamento de la alianza; la fidelidad de Dios a la promesa hecha a los padres y el honor de su Nombre. Ante ese recuerdo hecho por Moisés, “ el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo”.

El evangelio nos presenta más claramente el misterio insondable de la misericordia del Padre, a través de las tres parábolas de la misericordia. En ellas se narra la experiencia de la reconciliación del hombre con Dios. Con esas parábolas el Señor Jesús pretendió explicar su comportamiento en relación con los pecadores. Mientras los fariseos y maestros de la ley se mantenían a distancia de los pecadores, creyendo ser fieles a la ley, Jesús los acogía y comía con ellos. A los maestros de la ley parece que les molestaba que Jesús abriese gratuitamente a los pecadores un horizonte nuevo de vida y de esperanza.

Las parábolas pretenden mostrar hasta donde llega la misericordia de ese Dios que Jesús llama “Padre” una misericordia que se refleja y se hace concreta en la conducta de Jesús frente a los pecadores. La misericordia del Padre, encarnada por Jesús en su actuar es expresada en las parábolas por la alegría que se experimenta al encontrar lo que estaba perdido. Dios se alegra cuando uno de los suyos, que se había apartado del camino, vuelve a casa.   

¡ Que mensaje de consuelo y esperanza¡

“Ten buena conciencia y tendrás siempre alegría
Si alguna alegría hay en él, la tiene seguramente
el hombre de corazón puro”.

(Thomas de Kempis).

SIC.
GLM.

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