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DE: RP. MANUEL MOSQUERO MARTÍN

TEMA: EL ES EL REY, EL CENTRO DE LAS MIRADAS.-

“LA PROCESIÓN MORADA”
(A modo de prólogo por el P. Mayoral Pedraza. SJ.)

Les escribo esta carta, porque me parece que me agradecerán(tanto los que hubieran presenciado, como los que la ignoran) la siguiente breve reseña de “La Procesión del Señor de los Milagros”, en Lima.

Me agradecerán...es decir, pedirán por mí, al Señor, que no es poco; agradecerán a Dios, que es todopoderoso y que hace cosas grandes, en este católico pueblo limeño.

El mes de octubre, el mes morado como aquí le llaman, por las miles de personas con hábito morado, que invaden calles e iglesias de la capital; hábito morado que lleva consigo todo un rito escrupuloso de penitencia ascética y sacramental y de Sagrada Comunión; el mes morado repito, se nutre gozoso de penitencia y de oración, durante tres días procesionales, que no tienen igual en todo el continente americano.

El Cristo “morado”, El Señor de los Milagros actualiza, en pleno siglo XX las palabras misteriosas de San Juan: “Conocerán al que traspasaron”. Mirarán y le conocerán, porque, en efecto, la imagen del Señor Crucificado se convierte principalmente, durante estos tres días de penitencia, en el Rey y centro de todas las miradas.

El Señor de los Milagros.- Es un cuadro al óleo, de autor anónimo, y representa a Jesucristo Crucificado, a la Virgen Santísima de pié, junto a la Cruz y a Santa María Magdalena arrodillada a los pies del Señor.

Un poco por encima del travesaño vertical de la Cruz, se dibuja el Espíritu Santo en figura de paloma; y mas arriba aparece la imagen de Dio Padre. A uno y otro lado del Señor, se ven el sol y la luna entre tinieblas.

Es un óleo de dibujo sencillo, y de mucha unción espiritual en cuanto a la realización de imágenes sagradas, pero, en cuanto a la parte técnica de la pintura, en su conjunto, no parece que se deba a los pinceles de los “grandes” del arte...

Alguna de las imágenes van discretamente engalanadas con piedras preciosas. Todo el cuadro va forrado en plata maciza, y descansa, además, en riquísimo trono de plata y maderas finas. El peso total es de mas de una tonelada, y es capaz por sí sola, de abatir en breve tiempo, la varonil fortaleza de 24 hombres, que se renuevan constantemente, a lo largo del recorrido. La riqueza del cuadro y de las “andas” se calcula en mas de dos y medio millones de soles.

Impresión personal.- Resido desde febrero de 1962 en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados distrito de Breña. Los NN de España que hayan conocido esta residencia, recordarán que la iglesia está rematada por una magnífica azotea, desde donde se divisa ampliamente la plaza (parque) de Breña, un buen tramo de la avenida Venezuela y adyacentes. Pues bien, desde la terraza, les voy a informar sobre el avance de la procesión.

El Señor salió de su templo, de las Nazarenas, en la madrugada del 18 de Octubre. Estuvo en la calle todo el día y toda la noche y se recogió brevemente en la iglesia de la Victoria hacia las siete de la madrugada del día 19. La distancia que nos separa de esta iglesia es aproximadamente de unos dos kilómetros. El Señor tardará en recorrerlos unas diez horas. Su caminar es lento, solemne y gratamente movido, entre vaivenes inmensos de fieles que le cerca.

A las dos de la tarde llegan al parque de Breña, las primeras avanzadillas de hábito morado y cordón blanco. Lentamente el símbolo de la penitencia invade los contornos de la plaza y corona los balcones y terrazas. Típico de esta procesión es esa turba de vendedores ambulantes – ricas vivanderas criollas – que han puesto su tienda sobre el verde de la plaza... Son ya las cuatro de la tarde. Los cohetes explotan airados en la tarde gris.

La multitud silenciosa invade el amplio parque. La iglesia está cercada por millares de fieles. La avenida Venezuela moderna y espaciosa, está repleta de penitentes.

Todavía no se divisa al Señor. La calma es dueña de la tarde. El viento leve abre paso a la música religiosa de las bandas militares. Desde mi terraza ya veo al Señor de los Milagros. Aún no son las cinco de la tarde. Avanza escoltado por los Hermanos de la Hermandad, unos dos mil quinientos, quienes cuidan el orden durante la procesión.

En sendos pebeteros llevados por devotas mujeres, bulle el humo perenne de los sahumerios. Las bandas inician el devoto Himno al Señor de los Milagros “... a Ti venimos en procesión”... Las lágrimas se empujan en mis ojos...Recuerdo “cuando pasa el Nazareno”.

Gracias Señor. Esto es único en la Tierra. El gentío es inmenso. Expertos en procesiones calculan en trescientas mil almas acompañan día y noche al Señor, y hasta en medio millón... a la hora del regreso al Templo de las Nazarenas.

A las cinco y veinte, el Señor se detiene ante la fachada de la parroquia. Hay un saludo oficial del clero, cánticos, poesías. La fe, la esperanza y el amor se vislumbran en las miradas húmedas y en los labios que rezan. Un hermano de la Hermandad retira, a brazadas montones de flores que ya han besado los pies del Señor.

Pasa El Nazareno... la tarde gris, la tarde quieta se revuelve en un estático triunfo del Señor de los Milagros.

La procesión se reanuda. Negros fornidos balancean los gruesos varales de madera y de plata. Las bandas militares desgranan el himno;... “ con paso firme de buen cristiano, hagamos grande nuestro Perú...” Yo me quedo a solas, saboreando el recuerdo imborrable, mientras le digo al Señor: “Verán al que traspasaron”... Quédate con nosotros, Señor.
"Nuestra súplica al Señor de los Milagros"

Yo creo que no debemos dejar pasar el mes de octubre sin pedir mucho al Señor de los Milagros; pero sobre todo , hemos de pedir con aquel buen hombre del Evangelio: “Señor, yo creo, pero aumenta Tú mi fe”.
Fe para los que creen , porque sin la fe es imposible agradar a Dios; y sin ella, nadie sea el que fuere, se podrá salvar.

Fe para los que creen, pero con una fe vacilante y poco consecuente, a fin de que se haga robusta y práctica.

Fe para los que creen bien y con seguridad, a fin de que no dejen de creer y siempre obren según esa fe cristiana.

Y acompaña a la súplica un propósito, el de vivir como el que de verdad cree con sinceridad, Porque el que no obra como piensa, terminará por pensar como obra. ¿ Obras como si no tuvieras fe ? Entonces llegarás a pensar como si no la tuvieras.

Y con este propósito y con esta súplica al Señor de los Milagros todos sentiremos lo de San Bernardo; Señor, ¡ Si tanto consuelo das a los que te buscan ¡ ¿ Cuánto no darás a los que te encuentran ?.
Cada año infaliblemente en este mes, llamado con razón “el mes morado”, está una imagen sencilla del Señor Crucificado en las calles de Lima, y alrededor de la misma se apiñaran oleadas de devotos. No hace falta ninguna propaganda; pero estas muchedumbres, insuperables en el número y en el fervor, no podrán ser mayores, ni siquiera igualadas, por ningún otro acontecimiento puramente profano.

Quien no haya presenciado la procesión del Señor de los Milagros en Lima, no es capaz de hacer un acto de fe, que se acomode a la realidad. Y el limeño, que cada año la ve, no siente monotonía. Y seguramente que se contagia de algo mas que de admiración. En muchos la fe sobrenatural aumenta y en pocos es un medio, del que Dios se vale, para llamarle fuerte y suavemente a la vida sobrenatural necesaria, para agradar a Dios y para salvarse.

La devoción a nuestro Señor de los Milagros se repite en una cita de fe y de amor, desde hace casi 300 años. Las procesiones de la efigie milagrosa dieron comienzo con ocasión del terremoto del 20 de Octubre de 1687. Pero la imagen ya era objetivo de culto desde el año de 1655, en que a pesar de la sacudida de un devastador terremoto, quedó intacto milagrosamente el muro de adobe., sencillo y tosco.

Un desconocido negrito había sido el autor de la venerada imagen por el año 1651. También aquí – como en Belén, de los pastores; y en Paray – Le-Monial, de una monjita de clausura ; y en Fátima, de unos pastorcitos-, Dios quiso valerse de un instrumento sencillo, pobre y sin precedente fama fama humana.
Sin embargo, no faltarán, aquí en Lima y fuera del Perú quienes critiquen y no entiendan la lección sobrenatural, que encierra esta vistosa y multitudinaria procesión morada.

Que es superstición. Que es fanatismo. Que es rutina. Que es inercia. Que hay vividores que la explotan. Que hay una contradicción irreductible entre llevar hábito morado y acompañar una imagen durante horas asfixiantes de una parte, y no practicar, por otra parte, las virtudes del cristianismo auténtico. Puede ser algo de eso. Pero, a pesar de ello, los que somos sacerdotes y ayudamos a los devotos del Señor de los Milagros, cuando se preparan con una confesión, para vestir el hábito, somos testigos autorizados para proclamar que esta devoción ayuda a millares de peruanos a fomentar un verdadero espíritu de recogimiento, de penitencia y de vida sacramental, solo comparable con el ambiente de una fervorosa Semana Santa y semejante, en parte, a la movilización de una magnífica misión llevada a cabo con todos los mejores medios de la técnica moderna.

Mes de Octubre, mes del Señor de los Milagros, antes que acaben estos días de perdón y mercedes, ofrezcamos al Señor el mejor de nuestros dones; una comunión fervorosa en un corazón limpio por el Sacramento de la Penitencia. Que Cristo mire complacido nuestras ofrendas y bendiga nuestros hogares, derramando en todos ellos la paz junto con la salud espiritual y corporal.

SIC
GLM

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