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ALFONSO TEALDO - AVANCEN HERMANOS

Blancos son los ángeles, blancos son los cirios, blancos los libros de oración, pero son negros los hombros robustos que cargan al Señor de los Milagros, Africa se hace rosario, la raza oscura se hace policía de la eternidad, mientras veintiséis verticales de ébano impulsan sus músculos hacia el cielo, bajo el peso divino de dos toneladas de plata.

Espectáculo de sudor africano y de lágrima española, fiesta de hábitos morados y de mantillas, rumor de selva en la oración, castañuelas de hinojos, un modestísimo negro de Angola, hace cerca de tres siglos, pintó sobre un muro la imagen del Cristo en la Cruz. Luego, bueno, esa historia la sabemos todo; el muro, invicto de terremoto; como quedó inmóvil el brazo colérico de la justicia; cómo nacieron las guirnaldas de luces blancas y rojas de las Nazarenas.

Pero lo importante es que, gracias al entusiasmo de los siglos, sigue mezclándose el olor sabroso de la miel de los picarones al aroma sagrado del incienso, al paso de que los cirios, colgados en sus travesaños continúan agitándose suavemente, como graves péndulos de la eternidad.

Fiesta de unción y turrones, todas las devotas, desde la hermosa edición humana que lleva ceñida a la cintura alguna idea de un modisto parisino, hasta la negra que hace tamales exquisitos , murmuran las mismas palabras detrás de la imagen de Angola.

De escuálido bronce betunado, diminuto – como un mapa de Africa a considerable escala – el negrito, apretado por la multitud que sigue al Señor de los Milagros, es zarandeado de aquí para allá, sin compasión, inmisericordiosamente,. Blanco de las gentes, por su pequeñez y por la grande oportunidad, el negrito se lamenta  de que le pisen con tanta insistencia los zapatos nuevos que para la procesión le compró su mamá.

AVANCEN HERMANOS.

Su madre le dijo: ¡Hoy vamos a la procesión...¡ y él tuvo que aceptar, aunque hubiera preferido quedarse con sus otros amigos en el barrio, para jugar con la bola de trapo entre los automóviles y la policía, para ensuciarse – si es posible- las manos con tierra para ensayar alguna burla contra el turronero, para mirar detenidamente los afiches de las películas que no verá. para...

AVANCEN  HERMANOS

El negrito se asfixia en la tumba morada en que se halla, vestido con el hábito grande que le viene corto a su hermano menor. Nadie considera sus huesos frágiles y sus carnes tiernas. Todos piensan en seguir al Señor. Los ojos asustados del negrito parecen pedir un poco de clemencia. Se le ocurre que sería muy feliz siendo el Señor; así no le molestaría la gente, esa gente que dice ¡avancen...avancen hermanos¡, que reza, murmura y pisa los pies.

AVANCEN  HERMANOS.

Si no fuera por la mano de su madre que le estrecha la suya, el no hubiera sabido que hacer. Además, no entiende nada de lo que ve. Incienso, música extraña, él siente una vaga alegría al notar que todos se tratan de hermanos. Más, en toda la superficie de su cuerpo comprimido, aprisionado él, sin saberlo, recoge toda la secular esclavitud de su raza. Y se da cuenta que hubiera sido preferible quedarse en casa, junto a la batea de lavar ropa, haciendo globos con la espuma del jabón, ayudando a su madre o colgando en los cordeles las piezas finas y las sedas suaves de las señoras blancas. Aún la venta de tamales , a altas horas de la noche, contando pesetas y estrellas, hubiera sido mejor...

AVANCEN,  HERMANOS.

Y así, horas de horas.

Hasta que al fin, ya en el camastro común , el negrito se queda dormido con un poco de turrón entre los dientes blancos. Y sueña que los tamales se hacen y se venden solos, sin necesidad de ofrecerlos a viva voz durante las noches frías; que la ropa de las señoras y los señores va y viene y se lava sola, también; y que Dios dará a todos los negritos una alitas blancas y un mundo alegre de algodón.

Y al despertar al día siguiente y recordar su sueño, el negrito se da cuenta porqué su mamá va todos los años a la procesión del Señor de los Milagros. Y a la ropa limpia y a la ropa sucia, a la bola de trapo, a los tamales y a los afiches de las películas que no verá, les dice “Avancen, avancen hermanos”. Y se abraza a su hábito, que hizo de pijama y hará de ilusión, y está dispuesto nuevamente a seguir al Señor aunque le hagan trizas los zapatos. Es que el alma se ha subido a los dientes y sonríe entre sus gruesos labios de negro bueno.

Procesión del Señor de los Milagros. Abrazo de Africa y de España En las calles de Lima, entre cirios y oraciones, se cierra en las almas del Estrecho de Gibraltar.

Alfonso Telado. Lima, 1913. Periodista. Dirigió las revistas “Jornada”, “Ya”, “pan”, “Gala”, y “D. D. T.”, Ha dirigido el diario “El Comercio” colaborador de “La “Prensa”, “7 Días” y la revista “Turismo”, Latina SA.

(SIC)

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