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JUAN MANUEL CASTELLANO GARCÍA.- (AUTOR)

SOY CARGADOR DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE NAZARENAS

Visto el Hábito Morado (que significa: Penitencia, Austeridad y Sufrimiento), una tela larga como una túnica que llega a mis pantorrillas, un Capote o Esclavina que bordea mi espalda y pecho. Alrededor de mi cuello el cordón blanco (que significa: El Cautiverio de Cristo camino al Calvario), a veces, sucio por el sudor de mis manos. El escapulario con la figura del Señor y en el reverso, el de la Virgen. Una placa de plata con el número que distingue a mi cuadrilla, un carnet con mi nombre y el número asignado a mi ingreso.

Llego a la procesión, un hermano me ayuda a colocarme la faja, si puedo, lo hago yo mismo. Aprieto fuerte, quizás me corte un poco la respiración pero, es lo mejor. La calle se llena de gente, que pausadamente, avanza poco a poco. Mis hermanos, al igual que yo, se alistan de la misma forma. Como hace varios años, siento la misma emoción que viví aquella primera vez cuando cargué las Sagradas Andas.

El aroma del incienso invade el aire, la soga se acerca y los hermanos la levantan para que podamos ingresar. El canto fuerte de las mujeres, el olor penetrante del incienso y los fieles de fuera, observan admirados el lienzo del Cristo crucificado. Valses criollos dedicados al nazareno, cánticos religiosos, alfombras de flores de diferentes colores y figuras. Globos y cadenetas blanco y morado, pequeños altares y cuadros de santos o del mismo Cristo.

El sonido de la marcha procesional, un golpe de campana y el anda se detiene. Unos momentos de silencio, pequeños murmullos, avanzamos poco a poco. Los conos de flores, las banderolas y los cirios ya están en su lugar. El primer grupo se ubica, esquineros, templadores, auxiliares, no importa el lugar, todos llevaremos el mismo peso. Me persigno, mi hermano de al lado besa el anda, miro la imagen, esperamos.

Una voz desde un altoparlante reza, pide, suplica, el sonido de cohetes rompen el silencio vivido en ese instante. Hombres y mujeres de todas las edades, niños recién nacidos con el hábito puesto quizás, sin saber bien dónde se hallan. Un grupo de hermanos de la Cuadrilla de Emergencia llevan una camilla, alguien yace en ella. Otros miran la imagen, solo ves lágrimas, emoción, es repetitivo para algunos, para otros, es algo nuevo jamás vivido.

Las flores brillan, los cirios se derriten. Nuestro Señor de los Milagros parece que durmiera en esa Cruz y la Virgen de la Nube, con su mirada al infinito, se muestra seria pero dulce. El niño la observa delicado. El Capataz mira el lienzo se persigna, levanta el martillo y con un golpe suave pero firme, se escucha la campana junto a un grito de ¡Armen! el anda se mueve ligeramente. Otro golpe de martillo y se eleva imponente el Señor de los Milagros, aplausos. Las maderas del anda crujen, el peso se asienta sobre mi hombro.

Avanzamos juntos, miro de frente, pienso, cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Mi vista se dirige a la plata de las andas, siento luces de reflectores alrededor, la gente se sujeta de la soga, camina despacio, empujada y sudorosa. Pétalos de flores caen sobre nosotros, papel picado, brillante, globos que deambulan en el aire y la música que me cautiva para llegar al borde de las lágrimas.

Las primeras gotas de sudor aparecen en mi frente, mis manos sujetan firmes el cordón envuelto. Mi mente se traslada a mi Familia, a mi Abuela (con ella iba desde pequeño). El peso aumenta, la gente se empuja. Varios quieren llegar al anda. Pienso en más personas, Familiares, Amig@s, Enfermos y en alguien que se fué de éste mundo.

¡Avancen Hermanos! se escucha decir. Alguien detrás mío alienta en voz baja: Vamos, falta poco. La marcha se mezcla con un vals al Señor. Un estrado se alza con los colores morado y blanco. Una voz fuerte se escucha: ¡Firmes! Nos detenemos, un momento en silencio y la campana suena bajando el anda lentamente.

Gruesas gotas de sudor invaden mi rostro, luego podré ver algunas marcas en el hombro. Si Jesús cargó la cruz hasta lo alto de un monte ¿porqué yo no?. Una nueva mirada al Viejo, a la Virgen, un beso al anda y me despido hasta una nueva oportunidad para llevarlo. Por que soy un Hermano, un Hermano Cargador del Señor de los Milagros de Nazarenas.

 


 


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