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Antonia Maldonado (Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo).-

Mientras estos sucesos tenían lugar, allá por el barrio de Monserrate había comenzado su vida de reclusión y penitencia un grupo de devotas mujeres que reconocían por superiora a Doña Antonia Maldonado. ¿Quién era esta mujer y que pretendía? Vamos a verlo. Había nacido en Guayaquil el 12 de Junio de 1646, siendo sus padres D. Antonio Maldonado y Mendoza y Da. María Verdugo Gaitán. Siendo todavía una niña de pocos años.

La Sierva de Dios en un apunte de su mano da, como se han transcrito los nombres de sus padres y también de sus abuelos maternos, a saber: Alonso Verdugo Gaytán e Inés de Ruansa, también avecindados en Guayaquil. Sin embargo en la información hecha en Guayaquil el 5 de Setiembre de 1710 a petición de D. María Magdalena de Villaseñor, Viuda del Capitán Nicolás Ramírez Verdugo, ante el Cura Vicario de dicho puerto. Don Santiago de Alcedo, se dice que era hija de Don Francisco Velasco y de María Verdugo. Uno de los testigos llama a esta María Ramírez y todos afirman que la partida de bautismo pereció en un incendio, tuvo la desgracia de perder a su padre y viéndose su madre del todo desamparada, determinó venir al Perú y establecerse en el Puerto del Callao en donde parece que ejercitó por un tiempo el oficio de cigarrera, labor en la cual le ayudaba su hija.

Esta no se inclinaba al estado de matrimonio, pero por obedecer a su madre consintió, al llegar a la edad competente, en dar su mano a un hidalgo pobre, residente en el puerto, de oficio artillero, correspondía a nombre de Alonso Quintanilla. En el libro de matrimonios de la parroquia la partida asentada decía así: A 6 de Abril de 1676, yo, el Bachiller Francisco López, en nombre y con la autorización del cura D. Juan de Morales Valverde, casé por palabra de presente que hacen verdadero y legítimo matrimonio a Alonso Quintanilla, natural de Sanlúcar de Barrameda, hijo legítimo de Benito de los Santos y Andrea Flores con D. Antonia Lucía Maldonado, natural de Guayaquil e hija legítima de Antonio Maldonado y María Verdugo. No se sabe el tiempo de que tuvieran casados, más por algunas confidencias echas por ella, cuando ya se encontraba al frente del Beaterio de Nazarenas, ambos de común acuerdo guardaron castidad perfecta y un año antes de encerrase E. Antonia en el recogimiento que fundó en el Callao, al saber su esposo que lo andaba procurando, no dudó en decirle que él se entraría religioso en los Descalzos de San Francisco, a fin de que con toda libertad pudiese llevar a cabo su propósito. No fue necesario, porque la muerte vino a sorprender a Alonso Quintanilla, antes que la fundación tuviese lugar. El 30 de Enero de 1681 entregaba su alma a Dios y se daba luego sepultura a su cuerpo en la Iglesia de Santo Domingo.

No se puede precisar la fecha de la fundación, mas con probabilidad había que colocarla en el año 1680. La ocasión fue la siguiente: Vivía en el Colegio del Callao por ese tiempo el P. Antonio de Céspedes, de la compañía de Jesús, notable Predicador y no menos experto en la dirección de las almas. Dirigí ase por él D. Antonia y como ésta le declarase su intención de recogerse a hacer vida más perfecta a un Beaterio de Beatas Nazarenas que hacía tiempo deseaba fundar, el Padre le aconsejó visitara al Capitán Francisco Serrano Carrillo de Albornoz que en diversas ocasiones había manifestado que de buena gana cedería un solar que tenía en el Callao para que en él se hiciese un Beaterio de Beatas Rosas. Hablóle D. Antonia y llegaron a ponerse de acuerdo y mientras el Capitán solicitaba la licencia necesaria, D. Antonia se dedicó a recoger limosnas para la fábrica del Colegio o recogimiento. Sobre vino en esto la muerte de Alonso Quintanilla y libre ya su esposa vistióse en lugar de ropas de luto túnica morada que habían de llevar más adelante las seguidoras de su instituto.

El P. Céspedes había nacido en Piura y era hijo del Sargento Mayor D. Isidro de Céspedes, Ingreso en el Real Colegio de San Martín el 14 de Noviembre de 1648, en compañía de su hermano Isidro Más tarde tomó la sotana de l Compañía. Fue Maestro de Retórica en el Colegio de San Pablo y se señaló como orador sagrado, habiéndose publicado en Madrid, en 1677 un tomo de sus Sermones. Compuso, además, una comedia destinada a ser puesta en escena de nuestro Colegio y titulada: “Colón en Salamanca”. No fue éste el único confesor jesuita que tuvo la Sierva de Dios pues lo fue también el P. Juan del Campo.

El 15 de Octubre de 1681, ante el escribano público Gregorio Morales Medrano, D. Antonia de Soto y Figueroa, mujer del Capitán Francisco Serrano, con las formalidades necesarias y licencia de su marido, hizo donación a Antonia Maldonado de Jesús Nazareno, a quien se titula Superiora del Beaterio, de las casas de su morada y otra para la fundación del mismo, con la obligación de que en él serían admitidas 13 niñas y cuatro mujeres ancianas, pero reservándose la facultad de mudar o revocar la dicha donación. Con éste auxilio y habiéndose juntado a D. Antonia algunas devotas mujeres, se dio comienzo al recogimiento de Beatas Nazarenas. La misma madre de D. Antonia ingresó en él y vistió la túnica morada, recibiendo el nombre de María de la Purificación. Todo parecía anunciar que la fundación iría adelante, pero vino a ser causa de su ruina el mismo que había contribuido a darle existencia.

Arch. Arzob. Lima.

El Capitán Serrano y su mujer se empeñaron en que fuese admitida en el Beaterio una joven que había criado en su casa, sin constarle si tenía o no vocación para ello, y, sobre esto, quisieron poner en sus manos la dirección del recogimiento. Cedió la Madre María Antonia de Jesús Nazareno, como tan humilde, pero esto le hubo de ocasionar muchos disgustos, persuadida como estaba que con esta mudanza se des hacia el Beaterio. Consultó el caso con su confesor, y lo era entonces Fr. José de Guadalupe, franciscano, por haberse visto obligado el P. Céspedes a dejar su dirección y dicho padre le aconsejó se viniese a Lima, abandonando la casa del Callo. Había transcurrido un año o poco más y la Madre Antonia dejaba aquel Puerto, y se retiraba hasta que Dios dispusiese otra cosa, el Beaterio de Santa Rosa de Viterbo, donde fue admitida, sin duda, por influencia de su confesor Fr. Francisco de Guadalupe. No desapareció el Beaterio del Callao, pero llevó una vida precaria hasta el año 1690, en que los mismos que lo habían fundado pidieron se les devolviesen los bienes y se les reconociese judicialmente la revocación que hacían de su entrega.

Después del terremoto de 1687 tres de las devotas del Beaterio del Callao, se vinieron a Lima, vestidas de nazarenas y pedían limosna públicamente. Esto se dio motivo para que la Madre Antonia se querellase ante el Provisor, a fin de que no se las confundiese con las que vivían bajo su obediencia. Pidióse informe al Vicario del puerto, D. Gabriel de la Cueva Navarrete y éste respondió que era cierto hallarse arruinado el Beaterio y sin esperanza de poderse reedificar y que las dos únicas beatas que lo habitan y visten de nazarenas sería mejor pasarlas a Lima. Visto este informe el Provisor dispuso que dichas beatas se recogiesen dentro del tercer día al Beaterio de Lima o dejasen el hábito y se hiciese entrega por vía de depósito de los bienes muebles que quedaban en el Callao. Cuando se trataba de revocar y del abandono del Beaterio, un vecino del Callao, Juan Pérez de Salcedo, se presentó alegando ciertos derechos sobre el solar del mismo y ofreciéndose a levantarlo. El Vicario, siendo preguntado, manifestó que ni Pérez de Salcedo ni los vecinos del puerto tenían medios para hacer lo que se pretendía y que solo se había levantado parte del muro de la cerca. Papeles del Arch. Arzob. Lima.

En la información que se llevó a cabo con este motivo y en la cual prestaron su declaración algunos vecinos del puerto, todos ellos afirman que el proceder de las mujeres que en él se habían recogido no había sido muy edificante y que era mucho más conveniente que el Beaterio se transformase en Hospital de Mujeres, como el de la ciudad de Lima. Como, además, el terremoto de 1687 le había arruinado de modo que sólo habían quedado dos celdas en pie y se carecía de renta para poder reedificarlo, la Autoridad Eclesiástica convino en su supresión y dispuso que las Beatas que lo quisieran y vestían el hábito de Nazarenas podían recogerse al que por entonces ya tenía fundado en Lima la Madre Antonia. Esta, entretanto había hallado un refugio en Viterbo, donde permaneció un año, pero aquí no le faltaron trabajos. No era su intención profesar allí ni vestir el sayal franciscano, de manera que las Beatas que allí vivían la miraban como a una extraña y la trataban como si fuera una criada. Diéndole por habitación la más pobre y desnuda celda, con solo el espacio bastante para un escaño en donde dormía y una angosta mesa que también le servía de reclinatorio. A esto vino a agregarse su flaca salud, de modo que puede decirse que el Señor la estuvo preparando en este retiro para la obra que habría que llevar a cabo, cumpliéndose en ella el dicho del Divino Maestro: “ Si el grano de trigo que cayera en tierra no llega a morir, es capaz de dar fruto”.

El mismo hábito que vestía le dio ocasión de padecer. Antes de referir el cómo, vamos a ver las razones que tuvo para escoger por tal una túnica morada y una soga al cuello. Uno de sus confesores, el mercedario Fr. Blas Suárez, escribió una relación de sus virtudes y en ella dice que, por confesión de la misma Sierva de Dios, fue el mismo Señor quien le inspiró el que así se vistiese. Preguntándole un día que de donde le había venido a la mente el vestir el traje que usó Cristo en el Mundo, respondiole a la Madre Antonia que ella nunca lo había pensado, pero que estando una noche en oración, vio que el Señor, vestido con túnica morada, se llegaba hasta ella y cortándole las trenzas de sus cabellos, le ponía una túnica morada, una soga al cuello y una corona de espinas en la cabeza, diciéndole: “Mi madre ha dado su traje de pureza para hábito a otras almas y yo te doy a ti mi traje y hábito con el que anduve en el mundo: “estima mucho este favor”. Desde entonces la Madre Antonia no quiso vestirse de otra manera y las Beatas que la siguieron adoptaron también el mismo hábito. Su indumentaria, mientras vivía en Santa Rosa de Viterbo, debió llamar la atención de algunos por el color desusado de la túnica y pareciéndoles extraño debieron dar parte del hecho a la autoridad eclesiástica. Esta, juzgando que se trataba de una novedad que era necesario reprimir, dispuso que se lo quitase y a este efecto el Provisor mandó se le leyese un auto que contenía esta orden. Llegó el Notario Juan de Uría, donde se hallaba retirada y le comunicó lo dispuesto. Ella, luego que oyó la notificación, se hincó de rodillas, diciendo: “Obedezco a mi Prelado”, y al mismo tiempo hizo además de desprenderse de la túnica.

El Notario, al ver su rendimiento y prontitud en obedecer, se sintió conmovido y no pudo menos que decirle” Señora, vuélvaselo a poner, me voy a hablar con el Provisor”. Fuese, y al llegar a su presencia, le dijo: “Señor, no he visto en aquella señora sino un Ángel.” Puso el incidente en curiosidad a D. Pedro de Villagómez, que desempeñaba aquel oficio, y quiso por si mismo conocer a la Madre Antonia. Fue a Viterbo e hizo que la llamasen. Habló despacio con ella y se persuadió que tenía delante a una alma santa. La confirmó en su resolución y desde entonces se convirtió en su favorecedor, ayudándola con sus limosnas y con su influencia para la fundación del Beaterio.

V. Josefa de la Providencia. Relación del origen y Fundación del Monasterio…de Religiosas Nazarenas…Lima, 1793. Cap IV.

FUENTE: RP. Raúl Vargas Ugarte
Arch. Arzp. Lima.
GLM.

 


 


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