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ACTA SUPLETORIA DE FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE NAZARENAS.-

Hacia 1640 un censo hecho en Lima daba una población total de casi treinta mil personas de las cuales unos veinte mil eran de origen Africano esclavos traídos de las costas de África Occidental para hacerlos trabajar en las haciendas y chacras de las afueras de la Capital estos grupos se dividían en castas de los Congos, Mandingas, Bozales, Cambundas, Misangas, Mozambiques, Terranovas, Carabalíes, Lucumos, Minas y Angolas. Estos últimos estaban reunidos en cofradías que adoraban imágenes o santos de su devoción.

Estos actos religiosos les recordaban su libertad y cantaban nostálgicamente en su lengua original canciones de sus antepasados, también se ocupaban de la atención a los enfermos y aseguraban a sus miembros un entierro decente mediante pequeñas cuota de los cofrades. Por el año 1650, los negros Angolas se agremiaron y constituyeron la cofradía en el barrio de Pachacamilla, lugar que anteriormente había sido habitado por indios venidos de la zona de Pachacamac.

En Pachacamilla se ubican la Iglesia y el Monasterio de las Nazarenas y el local de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas.
En la sede de la cofradía se levantaban grandes paredes de adobe y en una de estas, levantada en un ambiente donde se reunían los negros a diario., un día del año 1651 uno de los Angola plasmó la imagen de Cristo en la cruz la imagen fue pintada al temple y fue hecha con un profundo sentimiento de fe y devoción a la altísima representación del Redentor.

Fue un 13 de Noviembre de 1655 a las 2.45 de la tarde, cuando un terrible y destructor terremoto estremeció Lima y Callao, echando abajo las iglesias y sepultando mansiones, dejando tras de si miles de muertos y damnificados.

El mismo efecto seriamente la zona de Pachacamilla y las viviendas de los Angolas se precipitaron al suelo, todas las paredes del local de la cofradía se cayeron produciéndose entonces el milagro el débil muro de adobes donde se erguía la imagen de Cristo crucificado quedó intacto, sin resquebrajamiento alguno.

Debido a los daños ocurridos, los negros Angola se mudaron a otro lugar dejando allí la pared con la sagrada imagen. Aunque otras versiones dicen que los negros Angola se habían retirado del lugar antes del sismo, lo cierto es que después de la catástrofe casi toda la población limeña se entregó por entero a las plegarias, cánticos y rezos en las destruidas calles y plagas de la capital , intentando pedir perdón por sus pecados y rogando que no se produjera otro fenómeno de la misma naturaleza.

Pasaron quince años y un vecino de la Parroquia de San Sebastián, Antonio León, encontró la imagen abandonada y comenzó a venerarla. Según los relatos de la época, León fue el primero que se preocupó por arreglar la ermita, sin imaginar que a partir de entonces crecería el culto y la devoción al sagrado Cristo de Pachacamilla.

Esta valoración hacia la imagen se vio fortalecida por un hecho grandioso en la vida de Antonio León, pues según cuentan este padecía de constantes y espantoso dolores de cabeza debido a un tumor maligno que los médicos, hasta ese momento, no habían logrado curar. Fue entonces cuando Antonio acudió a la imagen y postrándose frente a ella imploró al Cristo crucificado que remediara su mal, deseo que le fue concedido acabando así su desesperado tormento.

Entre los creyentes predominaba de color. Ellos fueron quienes iniciaron las reuniones los viernes en la noche. Alumbrados por las llamas de sus ceras, llevaban modestas flores para perfumar el ambiente con el sahumerio y entonaban fervorosas plegarias y cánticos al son de arpas, cajones y vihuelas.

Ante la insistencia de las autoridades por hacer desaparecer la imagen, ya que congregaba cada vez mas gente y causaba desorden, los fieles manifestaron su disgusto y protestaron con airadas voces y actitudes amenazantes. Las autoridades se enteran de los acontecimientos y mandan revocar la orden de borrar la imagen y acuerdan, mas bien. Que en ese lugar se le rindiera culto y veneración.

El 14 de Septiembre de 1671 se oficia la primera misa ante el Cristo de Pachacamilla, fecha que coincide con la Exaltación de la Santísima Cruz. A esta ceremonia religiosa asistieron el Virrey Conde de Lemos y su esposa, altas autoridades civiles y eclesiásticas y gran número de vecinos y devotos. El Virrey personalmente rindió culto a la imagen y acordó con la autoridad eclesiástica que en definitiva se le venerase en el mismo lugar para lo cual ordenó inmediatamente se levantara una ermita provisional.

El Primer Mayordomo y la Primera Capilla.

Pasados los días de la primera misa , la autoridad eclesiástica nombró Primer Mayordomo de la Ermita del Santo Cristo de los Milagros a don Juan Quevedo y Zárate. El Virrey lo ratificó y quedó la sagrada imagen amparada por el poder civil y por la iglesia, asegurándose así el culto a la imagen. Don Juan de Quevedo y Zárate inició los trámites con Don Diego Tebes de Montalvo Manrique de Lara, dueño de las propiedades colindantes con la ermita del Santo Cristo, para continuar la edificación de esta primera capilla.

Por todo lo antes expuesto y en atención a los hechos históricos descritos se considera a partir del presente año, en el cual conmemoramos el 350 Aniversario de haberse pintado en un muro la imagen de Cristo en la Cruz, el 14 de Septiembre como el Día de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas.

Lima, 14 de Septiembre del 2001

Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú

SIC.
GLM.
Distribuido por la Hermandad del Señor de los Milagros en su 358 Aniversario, a los Hermanos, devotos y fieles.


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